Howard Carter y Álvaro Uribe (Imagen Viva de la Narcoparapolítica)

sábado, 22 de noviembre de 2008

Colombia acaba de desplazar a Egipto como centro de interés mundial para los estudios arqueológicos. Las pirámides colombianas creadas por David Murcia Guzmán (DMG) resultan ahora más espectaculares e interesantes para los investigadores que las muy famosas pirámides construidas por los faraones en el Antiguo Egipto.

También, en el campo de la arqueología, Uribe es ahora mucho más famoso que Howard Carter, el inglés que en 1922 junto con otro prominente cazafortunas británico descubrió casi intacta en el Valle de los Reyes (Egipto) la tumba del faraón Tutankamón (imagen viva de Amón). Descubrimiento que fue el gran suceso científico y noticioso de aquel año.

Ahora, 86 años después del gran descubrimiento de Howard Carter, pero esta vez en Bogotá, Álvaro Uribe (Imagen viva de la narcoparapolítica) acaba de realizar el primer gran hallazgo del siglo XXI: Ha descubierto uno de los escondrijos favoritos de los narcotraficantes neogranadinos: las pirámides colombianas de DMG. Lo raro, y eso llama mucho la atención, es que no haya encontrado en ellas a su propio hijo haciendo pingües negocios ilícitos. Muchos son los que dicen al ver a Jerónimo, Hijo de gato caza ratón.

Bueno, lo cierto es que Uribe se las trae, además de ser el reputado líder de la narcoparapolítica colombiana y el lamezuelas preferido de los gringos, también se ha hecho famoso por la forma ejemplarizante como castiga a algunos de sus cómplices. Recientemente reprendió a altos oficiales del ejército colombiano incursos en secuestros, torturas, desapariciones y asesinatos. Ordenó que se los llevaran a su despacho en el Palacio del Narquiño, les hizo extender sus manos, y encendido de cólera, les dio unos palmetazos y les dijo, Eso no se hace, eso no se hace, y los “expulsó” del ejército.

Seguramente Álvaro Uribe Vélez será alcanzado por alguna maldición, y no precisamente por la de Tutankamón, sino por alguna de las tantas que le han echado en caseríos, pueblos, villas y ciudades colombianas, donde alguna madre, una hermana, una esposa, una novia o un hijo, llora la desaparición, secuestro, tortura o asesinato de un hijo, de un hermano, de un esposo, de un novio o de un padre.

En la Colombia de las pirámides DMG resulta muy fácil estafar a la gente, pues se considera un delito menos peligroso que el ejercicio de la comunicación independiente y la lucha social: si eres sindicalista, comunicador social o defensor de los derechos humanos, o te asesinan los socios paramilitares de Uribe, o la fiscalía se encarga de abrirte un expediente con falsas acusaciones y condenarte a la cárcel. Recientemente El Estado mafioso colombiano ha detenido al comunicador y luchador social Juan Manuel Arango, director de Clarín (www.clarin.decolombia.info/). Lo acusan de rebelión, su delito: Denunciar los crímenes cometidos por el gobierno de Uribestia y sus esbirros, solidarizarse con las luchas de los indígenas, campesinos y pueblo colombiano. ¿Y reporteros sin fronteras?, Bien, gracias. ¿Y human rigths watch?, Bien, gracias. ¿Y la comisión interamericana de derechos humanos?, Bien, gracias. Andan muy pendientes de que el gobierno venezolano critique la manipulación mediática para enseguida arremeter contra Chávez. Por ellos que se jodan los comunicadores y luchadores sociales colombianos.

Desde aquí el llamado a la solidaridad con el compatriota latinoamericano Juan Manuel Arango. Exijamos su inmediata libertad.

La Bobamanía, o cómo creer en pajarito preñao

sábado, 15 de noviembre de 2008

El día de ayer recibí formal invitación para asistir a la toma de posesión del señor Obama; vino firmada por el mismísimo diablo, es decir por Mr. Bush, a petición, según confiesa Mr. Danger, del recién escogido nuevo jefe del imperio usa-americano. Esto lo informo a todos los interesados, no para que me feliciten ni para que Norma se llene de envidia. Lo hago para aclarar conceptos.

No me alegra, ni me complace ni me envanece tal invitación. Nada más ajeno a mis deseos que participar en un espectáculo grotesco, donde campearán la hipocresía, la mentira y el cinismo. Nada más odioso que tener que estrechar la mano, tomarme la foto y brindar con un personaje de la calaña del actual presidente de USA, un degenerado que ya debería estar juzgado y condenado por los crímenes de guerra y de lesa humanidad que ha cometido en distintas partes del mundo. Allá con su conciencia aquéllos que se “hacen los locos” y aceptan compartir sonrisas y abrazos con ese monstruo, para mí todos ellos son sospechosos de canallas.

Obama no me merece confianza. No creo en él. Ni siquiera le doy el beneficio de la duda. Él tiene una misión: lavar la cara sucia del imperio, recomponerlo para que pueda seguir imponiendo sus mezquinos intereses al resto de las naciones y pueblos. Él me invita a su toma de posesión porque quiere aparentar que es distinto de Bush, que es amplio y tolerante, pero en el fondo representa lo mismo. Además, lo hace para halagarme, para hacerme creer que soy importante para su gobierno, para endulzarme y ganarme como aliado para la nueva política imperialista.

Yo no me voy a dejar seducir por la obamanía, que más bien es una bobamanía promovida mediáticamente desde los grandes centros de poder; no me como el cuento de que por ser negro, Obama tiene que ser distinto: es el mismo musiú pero con diferente cachimbo. Para ser malvado y asesino como Bush no se requiere ser blanco, sólo se necesita ser parte del sistema imperialista usa-americano, compartir sus principios y valores, defender sus intereses. Condoleezza Rice y Colin Powell, son buenos ejemplos de ello. ¿Y Obama, acaso no comparte los valores y principios y defiende los intereses del imperio usa-americano? Él ha dicho hasta la saciedad que sí.

Obama es más de lo mismo, sólo que diferente en cuanto a las apariencias. A estas alturas de la vida, no podemos estar creyendo en pajarito preñao ni estar soñando, como algunos ilusos lo andan haciendo, con el día que las vacas vuelen (Bueno, imagínense miles de rebaños de vacas volando y cagando, y toneladas de mierda cayéndonos encima).

Así pues, consciente como estoy de la farsa, no me presto para ese juego perverso de engañar a la gente, de estimular falsas ilusiones. Yo respondo categóricamente: No acepto la invitación y no asistiré a ese festín de bufones, donde abundarán brujas decadentes y crápulas chupasangres.

Desde nuestra tierra de promesas, desde nuestra perfumada geografía del sur, desde este espacio de revolución y de esperanzas, desde este rincón de la dignidad latinoamericana, al que ellos despectivamente llaman “nuestro patio trasero” o “pobre rincón tercermundista”, les digo henchido de orgullo bolivariano: ¡Señores imperialistas, váyanse al carajo y métanse su invitación por donde les brota la cosa esa que ustedes son!

Good bye, Mr. Bushrro

sábado, 8 de noviembre de 2008

Bueno, George, se está llegando la hora de tu partida. Siempre pensé que sería un final espectacular, pero está visto que tú no naciste para la grandeza a pesar de tus conversaciones con Dios, que me imagino ahora son más continuas, porque que en estos ocho años de gobierno, él nunca te ha abandonado, siempre ha estado contigo, guiándote, orientándote.

Sabes, George, siempre que pienso en ti, recuerdo a Juan Peña; es el personaje de un cuento venezolano, quizás el más espectacular de la narrativa corta de mi país, se titula El Diente Roto y fue escrito por Pedro Emilio Coll. Según el relato, Juan era un chamo tremendísimo, una especie de malandrito que se la pasaba haciendo maldades a tútirimundachi; pero un día recibió un peñazo en la boca que le partió un diente, y desde entonces, el carajo no hacía otra cosa que acariciarse el diente roto con la punta de la lengua. Sólo eso hacía, a todas horas; parecía que estaba hechizado, como conversando con Dios, al igual que tú.

Lo cierto es que ante el insólito cambio (imagínate, pasar de zagaletón a estúpido), su mamá lo hizo examinar con un médico muy sabio. Y éste, encontrándolo en perfecto estado de salud, emitió el siguiente diagnóstico: El niño padecía la extraña enfermedad del mal de pensar, era un ser prodigioso. ¡Coño. Verga. Carajo! Dijeron su papá, su maestro, el cura, sus familiares y todos sus vecinos, ya que sabían que Juan era, si no tan bruto como tú, quizás lo más parecido a ti, George. Pero qué carajo -dijeron todos-, si lo dice el doctor, que es el hombre de la ciencia, tiene que ser verdad.

Y desde aquel día, Juan fue venerado por todo el pueblo. Le regalaban libros y más libros que él no leía, le preguntaban de todo, hasta cosas extrañas y él no respondía; por ninguna razón interrumpía sus profundas meditaciones y todos se maravillaban porque aquel ser extraordinario no tenía tiempo sino para pensar. Pero él sólo acariciaba el diente roto con la punta de su lengua. Y fue incorporado a la Academia de Ciencias como miembro de número, fue elegido al Congreso Nacional e iba a ser nombrado presidente de la República cuando lo sorprendió la benévola muerte. Y Juan tuvo un final feliz, fue decretado duelo nacional, y todos lloraron su partida y pedían que la iglesia lo santificara. Y al parecer, los obispos y cardenales estuvieron de acuerdo.

George, como puedes ver, en aquel pueblo sólo Juan no pensaba. ¿Y tú, acaso piensas, y acaso piensa el pueblo usa-americano? Probablemente sí, al fin y al cabo, el pensamiento en este barranco civilizado no es más que un reflejo condicionado. Tú y los usa-americanos y todos los civilizados responden en base a los estímulos provocados por un sistema de creencias fundado básicamente en mentiras, y que la familia, la escuela, la iglesia y los medios de comunicación se encargan de validar y sacralizar. Y por todas partes andan los Juan Peña y los George exaltando las maravillas y prodigios del progreso del mundo civilizado, y parangonan la libertad de pensamiento, pero, ay de aquél o aquélla que se atreva a pensar diferente, lo mandan directo a Guantánamo o a la tumba.

Bueno, George, en esta hora de tu partida, ¿quién te llorará, quién te recordará con amor o sentirá nostalgia por ti? Coño, hermano, parece que nadie. Creo que millones, o miles de millones en el mundo entero, estarán diciéndote: ¡Vete ya, maldito asesino! (¡Go now, you fucking murderer!), y Mc Cain te estará gritando, ¡Go to hell, fucking crazy! (¡Vete al infierno, maldito loco!). ¿Cómo te nombrarán, George? Tal vez como el Carnicero de Bagdad, o el Monstruo de New Haven, o el Maligno de Midland, o el Verdugo de Guantánamo, o El Asesino de Abu Graib, o El Coñoesumadre de Faluya, o quizás, para ser más generoso contigo por los favores recibidos, Obama te recordará como el Borrachito de la Casa Blanca, porque qué fácil se la pusiste al negro, George, demasiado fácil para que ganara la presidencia.

¿Por qué no te haces un favor, George? Llénate, aunque sea por una vez en tu miserable existencia, aunque sea por un instante de tu perra vida, llénate de coraje, toma una pistola y pégate un tiro, o tómate unas pastillas de esas de matar a tus pares, las ratas. Tal vez así, alguien en el futuro diga, Por lo menos tuvo un prurito de vergüenza.

Hazlo, George, es un consejo de amigo que te doy.

El Silencio de los Culpables

sábado, 1 de noviembre de 2008

Los dueños de la mayoría de las empresas mediáticas venezolanas chillan como las ratas, se arrastran como serpientes, alborotan como guacharacas, conspiran cual carujos y santanderistas y repiten cual loras parlantes los libretos que les dictan sus amos norteños.

No son culpables sólo por lo que dicen o callan, sino sobre todo, por la traición a la patria donde nacieron, por los crímenes de lesa humanidad que han cometido y cometen a diario contra el pueblo venezolano.

Hacen fiesta cuando bajan los precios del petróleo, cuando sube la inflación, cuando desaparecen los alimentos del comercio que ellos mismos estimulan, cuando se incrementa la inseguridad y el ciudadano es víctima de la delincuencia.

Desde hace diez años pronostican el hundimiento de la economía venezolana y el surgimiento de la dictadura de Chávez. Pero el crecimiento económico del país es cada vez más sostenido, incluyente y beneficioso para las grandes mayorías pobres de nuestro país, y la democracia bolivariana es más amplia e intensa.

Su algarabía se escucha en la Casa Blanca -desde donde les financian y aúpan ideológicamente- cuando alguna calamidad agobia a la Venezuela Bolivariana.

Pero, cuánto silencio y cuánta melancolía cuando algún suceso venturoso favorece a nuestro pueblo. Por ejemplo, esconden y reniegan de los triunfos de nuestros jóvenes atletas en el mundo entero. Desinforman y callan las grandes obras de infraestructura del gobierno bolivariano, como el puente Orinoquia y tercer puente sobre el Orinoco, metros de Valencia, Maracaibo, Los Teques, trolebús de Mérida, sistema nacional ferroviario, que viene avanzando a pasos agigantados, las obras de salud, la eliminación del analfabetismo, el incremento de la inversión en materia educativa que ha permitido que más de la mitad de nuestra población esté estudiando. El primer satélite venezolano no existe, ese hecho histórico pasó sin pena ni gloria por sus pantallas, páginas y ondas. Obras y más obras que apuntan al logro del objetivo primordial del Proyecto Nacional Simón Bolívar: Alcanzar la suprema felicidad social para todo el pueblo bolivariano.

Para ellos y para sus amos eso es desperdicio de dinero, porque hundidos en su egoísmo entienden que invertir en beneficio del pueblo es echar los recursos del Estado en saco roto. Y porque asumen que tales recursos son para su exclusivo beneficio.

Aman y admiran los gobiernos de Bush y de Uribe. Adoran al uribestia. Quiere, por sobre todas las cosas, un gobierno lacayo, narcoparamilitar, corrupto y represor como el de Uribe, para que les garantice el despojo de tierras a indígenas y campesinos, la privatización a precios miserables de las empresas públicas, el saqueo del erario y las riquezas nacionales en complicidad con las transnacionales usa-americanas, la persecución implacable a los que se oponen al plan neoliberal e imperialista.

Nada les importa si sólo estudian, se alimentan y tienen servicios de salud y recreativos los pudientes; los pobres que se las arreglen como puedan; al fin y al cabo ellos no importan.

A diario incitan al magnicidio, la desestabilización política el golpe de estado, la desobediencia civil y el desconocimiento al gobierno legítimo, y promueven la violencia sicológica y material contra el pueblo para configurar una subjetividad negativa y enfermiza, contraria al bienestar colectivo.

Pero tan o más grave, triste y doloroso es el silencio, omisión y desidia de los órganos del Estado venezolano que deben actuar para garantizar los derechos difusos y colectivos del pueblo venezolano. Es inadmisible e inaceptable tanta impunidad. Es intolerable que los tribunales, la fiscalía y el mismo gobierno nacional sigan inermes, cuasi pasivos, ante los ataques inclementes de esa canalla despreciable, antinacional, antipatriótica e inhumana.

Si de verdad queremos desarrollar una nueva ética social, estimular la práctica de los valores de convivencia, solidaridad, respeto, amor, tolerancia, en la vida cotidiana de los venezolanos, es necesario poner coto definitivo a las acciones de los mafiosos mediáticos.

Por eso el clamor popular: ¡Basta de tanta impunidad. Justicia ya!

Al Capitalismo con Amor

sábado, 25 de octubre de 2008

Al Capitalismo con Amor

(Al Capitalismo dale duro, con amor y buen humor)

Ramiro Meneses

Las noticias son cada vez mejores, tan buenas que acabo de recibir invitación (seguramente tú también) para asistir al acto de sepelio del Capitalismo. Será un evento espectacular, alucinante. Me dicen que la animación musical estará a cargo de la Orquesta Infantil y Juvenil “Simón Bolívar”, bajo la dirección de Gustavo Dudamel; no interpretarán ningún réquiem, eso resulta muy triste para ocasión tan especial; por el contrario, se ha incluido dentro del repertorio: Alma Llanera, Mambo, Pajarillo, Venezuela, Woman del Callao, Guantanamera, Cumbia, y otras deliciosas piezas de la tradición musical indoamericana.

Cada asistente podrá echar su puñito de tierra dentro de la fosa del viejo capitalismo. Aunque en realidad fue el más joven de los tres hijos de la civilización, pero también el más irracional y destructivo. Algunos dicen que no hay que alegrarse del mal ajeno, pero cómo no contentarse hasta el delirio con la muerte del capitalismo si ello significa la salvación de nuestro planeta y de la humanidad. Así que a celebrar con mucho amor, que este fallecimiento es una verdadera bendición.

No sabemos cuánto durará la agonía del monstruo, tal vez mil y una noches, quizás menos, aunque los dolientes se afanan por hacerlo sobrevivir. Por ello, veinte son los que se reunirán en Washington el venidero 15 de noviembre convocados por el inefable George W Bush para “buscar solución a la crisis”. ¿Volverá Lula a plantear allí lo que ya una vez dijo en Davos, que quería “un capitalismo con rostro humano”? ¿Coincidirán todos con Bush en la necesidad de un capitalismo democrático? Mientras tanto, en España, Zapatero llora desesperado porque Mr. Danger no lo ha invitado a la cita; poricito, él también quiere aportar su granito de arena a la salvación del capitalismo.

Por otro lado, hay otros socialistas, viejos y decadentes, que están ansiosos del triunfo de Obama, tienen la ilusión de que éste sea el Gorbachov norteamericano. De ilusiones también se vive.

Hablando de otra cosa, nuestra maravillosa, espectacular y divina orquesta “Simón Bolívar”, que por ahora es producto de exportación para los países ricos del norte, al más rancio estilo neoliberal, por fin ofrecerá varios conciertos al pueblo venezolano. Están previstos cinco grandes conciertos en las siguientes fechas de 2009: 19 de abril, 24 de junio, 5 y 24 de julio, y 12 de octubre, Día de la Resistencia Indígena. Todos serán transmitidos en cadena nacional. Ah, y no sólo en Caracas sino en distintos lugares del país.

Por cierto, me han informado que el Gobierno Bolivariano se propone des-confinar de Caracas la Misión Cultura Corazón Adentro para extenderla a todo el territorio Nacional, la misma será municipalizada. En tal sentido, se prevé la construcción en cada municipio venezolano de una Sala de Conciertos y Usos Múltiples, como la Ríos Reyna del Teresa Carreño. La idea es que cada una se convierta en eje articulador y propiciador de la Revolución Cultural Bolivariana. Todas deberán estar listas para el 19 de abril de 2010, fecha en que se iniciará la celebración del bicentenario de la revolución de independencia y culminará el 24 de junio de 2021.

Parte del financiamiento de esta magna obra se cubrirá con los aportes que harán los altos cargos de la administración pública y empresas del Estado venezolano. Ya, según me han dicho, el gobierno nacional ha solicitado a todos los que devengan más de diez salarios mínimos (Es decir, más de 8 millones de Bs.) que acepten reducir dichos emolumentos en un 10%, y todos han aceptado, menos los rectores de las universidades autónomas, quienes en actitud muy patriótica, nacionalista y humanista han dicho, Con mi Sueldo no te metas.

Así que, mientras en el mundo capitalista se desploman los bolsas, quiebran los bancos, crece el desempleo y la economía cae en recesión, aquí en Venezuela tenemos motivos de sobra para alegrarnos y celebrar. Por ejemplo, el presupuesto de educación para el 2009 representará el 18,2% del PIB, y el de salud, el 7%; y el 48% del Presupuesto Nacional será destinado al desarrollo social. Vaya pues, que siga la fiesta y la Revolución Bolivariana, y digamos al FMI con versos de Neruda: “Me gustas cuando callas porque estás como ausente. /Distante y doloroso como si hubieras muerto.” Bien muerto. Descansa en Paz.

EL BANQUETE

sábado, 18 de octubre de 2008

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(Cómo ejecutar un golpe de Estado y promover un magnicidio y
no morir y ni siquiera ir preso en el intento)



Banquete del odio el que diariamente degustan los dueños de los medios de manipulación en Venezuela. En lujosos restaurantes de Caracas paladean exquisitos manjares y entre bocado y copas, tejen la madeja de su conspiración. Luego de darle vueltas al asunto, han llegado a sus conclusiones: Primera, es imposible salir del teniente coronel Hugo Chávez por la vía electoral. Segunda, no hay más remedio que matarlo. Tercera, a nuestros medios corresponde ir a la vanguardia, tenemos que convertir la idea del magnicidio en plato del día, que la gente asuma el tema del asesinato de Chávez como algo necesario, que va a ocurrir indefectiblemente más temprano que tarde. Cuarta, manos a la obra, echémosle pichón a la cosa, contamos con el apoyo de la Compañía, además el jefe quiere que se haga antes de su salida de la oficina oval.

Y la canalla inicia su banquete comunicacional aderezado con mentiras, desinformación, manipulaciones, insidias, intrigas. Es un aquelarre diario de violación a la Constitución, a las leyes, a los derechos humanos. Luego ellos salen con su cara muy limpia a denunciar por el mundo que en Venezuela no hay libertad de expresión.

Banquete de la desidia y la estupidez. Este es el que degustan los funcionarios de los poderes del Estado venezolano. Pasivos, inermes, permisivos, tolerantes y cómplices hasta el desprecio. Desde los altos cargos del gobierno bolivariano, del Tribunal Supremo de (in)Justicia, del Ministerio Público, hasta diputados de la Asamblea Nacional, cual Penélope resignada, tejen la mortaja que acompañará el viaje del presidente hasta los confines de la eternidad. Consumen su menú y nada hacen para defender al pueblo venezolano de una campaña mediática que propugna el odio entre connacionales, que incita a la guerra civil, que llama a los militares a alzarse en contra del gobierno legítimo de la República, hace apología del delito, del crimen y magnicidio. Peor aún, financian con los dineros del pueblo a dichos medios con jugosos contratos publicitarios. Da vergüenza ajena ver a ministros y diputados haciendo aspavientos, llamando a los conspiradores a la reflexión. Y tomarán acciones: Se irán por el mundo a explicar lo que pasa en Venezuela. Para dentro de 60 días prometen aplicar medidas.

Mientras la canalla se envalentona y atiza la candela para incendiar el país, cual monigotes, los funcionarios del Estado, permanecen impávidos. Y si por casualidad a alguien se le ocurre, asqueado por tanta impudicia e impunidad, lanzar una pedrada a alguna instalación mediática o pintar consignas en sus paredes, ¡Horror de horrores!, inmediatamente algún ministro, pongamos por caso el de Educación Inferior o Educación Superior (¡Qué cosas no!), o el de Pantaletas (oficialmente, de Interior y Justicia), sale a condenar a estas personas, y las califican de incivilizadas, violadoras del Estado de Derecho y hasta de contrarrevolucionarias. Ni hacen ni dejan hacer. Con razón decía un pana el otro día: “Es que este gobierno como que es pajúo, en cualquier otra país ya todos esos conspiradores estarían presos, y sus canales, emisoras y periódicos clausurados.”

Si continúa el banquete de la conspiración y la impudicia por un lado, y el la estupidez y la impunidad por el otro, no les extrañe que un día de estos el pueblo se canse y decida tomar la justicia por sus propias manos. El pueblo sabe muy bien, especialmente las mujeres venezolanas, que son las que más apoyan y se han echado al hombro esta revolución, repito, saben muy bien que si la derecha mata al presidente y derroca al gobierno bolivariano, lo que nos vendría sería candanga con burundanga, porque empezaría una matazón que duraría quién sabe hasta cuándo, y toda nuestra esperanza de seguir transitando en paz hacia una sociedad que nos garantice la suprema felicidad social se postergaría, y eso no se lo podemos permitir.

Por el bien de la patria venezolana, el pueblo exige a los funcionarios del Estado que hagan lo que haya que hacer, de acuerdo con las leyes, para meter en cintura y detrás de las rejas a los conspiradores de los medios. Para hacerlo no necesitan el permiso de los organismos internacionales, éstos siempre saldrán a hablar paja, a criticar o condenar, ese es el papel de mr. Insulzo, de Vivianco y su novio, de la CIDH, de la SIP, del imperio y sus gobiernos pitiyanquis. Por encima de los derechos de un puñado de mafiosos propietarios de medios están los derechos de millones de venezolanos y venezolanas que queremos vivir en paz.

Para los ingenuos del gobierno bolivariano y del Estado venezolano y para los lectores y lectoras estos versos de Mario Benedetti, del poema Me sirve y no me sirve:

La esperanza tan dulce
tan pulida tan triste
la promesa tan leve
no me sirve
no me sirve tan mansa
la esperanza

la rabia tan sumisa
tan débil tan humilde
el furor tan prudente
no me sirve

no me sirve tan sabia
tanta rabia

el grito tan exacto
si el tiempo lo permite
alarido tan pulcro
no me sirve

no me sirve tan bueno
tanto trueno

el coraje tan dócil
la bravura tan chirle
la intrepidez tan lenta
no me sirve

no me sirve tan fría
la osadía

sí me sirve la vida
que es mi vida hasta morirse
el corazón alerta
sí me sirve

me sirve cuanto avanza
la confianza

me sirve tu mirada
que es generosa y firme
y tu silencio franco
sí me sirve

me sirve la medida
de tu vida

me sirve tu futuro
que es un presente libre
y tu lucha de siempre
sí me sirve

me sirve tu batalla
sin medalla

me sirve la modestia
de tu orgullo posible
y tu mano segura
sí me sirve

me sirve tu sendero
compañero

La Paradoja de Edipo

sábado, 11 de octubre de 2008

Algunas veces queremos hacer una gracia pero nos sale una estupidez. Eso le pasó a Edipo. Éste era un joven griego, sano, fuerte y feliz, que amaba a sus padres profundamente. Pero un día, el Oráculo le dijo: Matarás a tu padre y serás marido de tu madre. Edipo, como era de esperar, entró en pánico. Y, para evitarse semejante felonía, decidió partir bien lejos. Pero mientras más se alejaba, más cerca estaba de su trágico destino. En un camino se tropezó con Layo, y en oscuro duelo de espadas, lo mató. Llegó a Tebas, y allí, en un brillante debate de ideas, venció a la Esfinge y se hizo marido de Yocasta. Lo que Edipo no sabía, porque el insidioso Oráculo no se lo dijo, es que Layo y Yocasta eran sus padres biológicos.

Como a Edipo, sucede a muchos: Queremos cambiar el mundo y construir uno nuevo; queremos ser revolucionarios, pero ay, el insidioso Oráculo nos la juega bien fea. Y entre el ser revolucionario o no-revolucionario, la mas de las veces, gana el segundo, y por eso, tantas vacilaciones y traiciones. Ocurre que mientras más rechazas este mundo de injusticias y desigualdades, sin darte cuenta, más lo defiendes, pues el diablo lo llevas dentro, convertido en ideas, en valores y deseos, como una maldición.

Y es que desde pequeño te han enseñado que si quieres ser alguien en la vida, es decir, ser reconocido, respetado, apreciado y querido, es indispensable tener un título, un buen trabajo, un carrazo, tarjetas de crédito, tremenda casa y una mujer que esté bien buena. Si no, olvídate, chao pescao contigo, eres un perdedor. Entonces te afanas por tener todo eso y más. Y vives y mueres por conseguirlo y luego conservarlo y luego superarlo, y luego llenas tu vida de cosas y de infelicidad, y lo peor, las de tus seres queridos; y al final, te mueres víctima del stress y nada te llevas, porque así como viniste, así te vas. Y el mundo sigue igual, o peor.

Te enseñan que tienes que ser mejor que los demás: y quieres que tu carro, tu casa, tu mujer, o tu marido, tus hijos, sean mejores que los míos. Quieres que tu familia sea mejor que la mía, y yo, que mi país sea mejor que el tuyo. Que mi equipo de fútbol o de béisbol le gane al de tu país. Porque somos hermanos, es verdad, pero cuando entramos al terreno de juego (de batalla), olvídate de igualdad, fraternidad y revolución, aquí somos competidores, y aquí venimos a ganar, para demostrar que somos mejores. Porque hemos aprendido que la competencia es el valor más importante en este barranco civilizado, aunque digamos que son el amor y la solidaridad.

Y así, cada día, andamos asesinando al Jesús, al Bolívar, al Che Guevara, que llevamos dentro. Y en su lugar avivamos al Judas, al Carujo o al Santander que nos siembran a cada minuto, y en vez de ser más, somos menos revolucionarios, y algunos hasta contrarrevolucionarios.

Como Edipo, por no saber, vamos errantes, y creemos que basta con trascender el capitalismo para salvar a la humanidad, pero nos abrazamos al mundo civilizado; y es precisamente éste el monstruo que nos devora. Porque no hemos sido capaces de entender que es el modo de vida civilizado, su pensamiento, su visión de mundo, principios y valores, lo que nos tiene condenados a vivir hundidos en la mentira, el engaño y la impiedad.

Ahora, cuando asistimos al impresionante espectáculo del fin de una era que lleva milenios de existencia, algunos sólo ven crisis. Estamos frente al colapso y desplome del mundo civilizado y algunos, inducidos por cierta miopía o ceguera conceptual, sólo ven la crisis del modelo neoliberal, del sistema financiero internacional o del capitalismo. Y como Edipo, arrean hacia el peor de los caminos: intentar reconstruir, remendar, acomodar, lo que ya no tiene remedio. Y esta no es la hora de los curanderos, es la hora de los inventores de la nueva vida.

Llegada es la hora de nuevas juntas, de inventar los nuevos caminos, de refundar la vida, renombrar las cosas, transformar las relaciones. Recuerden: Dejad que los muertos entierren a sus muertos, y que ellos hagan sus urnas y sepulten sus cadáveres insepultos: FMI, Banco Mundial, OMC, OTAN, ONU y Consejo de Seguridad, CAN y OEA, y su globalización y su libre mercado y su envilecedora sociedad de consumo.

El mundo nuevo tantas veces soñado tiene que dejar de ser utopía, ha llegado la hora de los atrevidos. Hora de gracia no de morisquetas.




Socialistas y alienígenas

sábado, 4 de octubre de 2008

Vino hasta mí un alienígena, quería que lo ayudara a ser socialista. Lo embarqué en mi nave del tiempo y lo envié al año 33 de n.e.

Los alienígenas que conozco son en verdad muy extraños y contradictorios. Pero no son extraños porque tengan una cabeza de lagarto, escamas en el cuerpo y rabo de cochino. No, ellos son como tú o como yo, físicamente hablando. Sin embargo, es fácil reconocerlos: tienen tal apego por las cosas materiales que han desarrollado un deseo enfermizo por poseer más y más bienes, como si teniéndolos sintieran que alcanzaran la plenitud del ser. Y lo contradictorio es que se asumen tan cristianos que declaman a Jesús: Abandona cuanto tienes y sígueme.

También estos alienígenas predican, Ama a tu prójimo como a ti mismo. Pero viven en un egoísmo tan grande que éste les ciega e impide compartir y ser solidarios con sus semejantes.

Ah, y llegan a odiar de tal manera a quien diga, Será más fácil que un camello entre por el hueco de una aguja que un rico entre por las puertas del cielo, y no sólo el odio les carcome el alma y se las pudre, sino que quisieran destriparlo, rebanarlo, tasajearlo, exterminarlo, asesinarlo, al pobre.

Predican la igualdad entre las personas, pero quieren, por sobre todas las cosas, ser mejores que los demás, y se enfrascan en una endiablada competencia para ser parte de la élite.

También dicen que anhelan un mundo de paz, pero a todo le declaran la guerra, a la pobreza, a la delincuencia, a las drogas, al latifundio, a la corrupción, al terrorismo, guerra y más guerra para su mundo de paz.

Igualmente dicen que quieren construir un mundo nuevo, pero eso sí, respetando el status quo, o sea, conservando la propiedad privada como derecho sagrado, la familia como núcleo fundamental de la sociedad, la religión como opio del pueblo, el Estado como órgano de control social, la competencia como valor social fundamental.

Bueno, ya sé que he hablado mucho de los alienígenas y nada de los socialistas y que me queda poco espacio. Pero les digo lo que me dijeron, que están gobernando en algunos países, como Chile y España, por ejemplo; me sorprendí, no lo sabía; y que andan pidiendo al camarada Bush que busque una rápida solución a la crisis del capitalismo, porque está en peligro la globalización neoliberal, piden que no se ideologice la discusión sobre la grave situación del sistema financiero internacional, y que se convoque el mayor consenso mundial para entre todos reconstruirlo.

Por último les cuento, el alienígena que envié al año 33 regresó y me dijo, No basta con declararse socialista, es necesario serlo. Y me dijo algo que oyó a un predicador al que llamaban Jesús: Antes la ley de mi padre decía, ojo por ojo, diente por diente, ahora yo, por los hijos e hijas, digo, ámense por sobre todas las cosas, vivan en comunidad, compartan todo, la abundancia y la escasez, las alegrías y el dolor, y cuando así vivan, yo estaré entre ustedes…

¡LIBERTAD PARA LOS CINCO COMPATRIOTAS CUBANOS SECUESTRADOS POR EL IMPERIO!

HABÍA UNA VEZ…UN CAPITALISMO Y UN MUNDO CIVILIZADO

sábado, 27 de septiembre de 2008

Cuenta la leyenda que en los terribles tiempos, cuando existía el mundo civilizado, hubo al final de esa tormentosa y nefasta época una cosa monstruosa que se llamó capitalismo y nuestra humanidad estuvo a punto de ser exterminada.

Desaparecida la civilización y transcurrido el tiempo, a nosotros, que vivimos en esta era progenésica, se nos hace muy difícil entender cómo nuestros antepasados pudieron vivir en tal estado de salvajismo y barbarie, y lo peor, lo más increíble, no podemos comprender cómo ellos creyeron que vivían un estadio superior de desarrollo de la especie humana.

Sus creencias eran tan estrafalarias que algunos de ellos se consideraban superiores a otros seres humanos: ya porque fueran hombres, eran mejores que las mujeres; ya por blancos, se creían mejores que los que tenían un color de piel distinta; para colmo, vivían divididos en algo grotesco que ellos llamaban clases sociales, y de éstas, las había altas, medias y bajas, y los que pertenecían a las clases altas despreciaban al resto, porque según ellos habían sido “elegidos” por tal o cual divinidad para merecer todos los privilegios. Por ejemplo, vivían en unas cosas que ellos llamaban palacios o mansiones, en tanto las clases bajas habitaban unas viviendas muy incómodas o simplemente no tenían un techo donde cobijar sus sueños.

Esto ocurrió durante todo el período civilizatorio, pero fue más ostensible y grave en la etapa final de la civilización, es decir, durante el capitalismo. En éste, nuestros antepasados lograron un cierto nivel de desarrollo de la ciencia y la tecnología, que a nuestros ojos fue muy precario, pero que les permitió generar cierto nivel de riqueza; sin embargo, algo espantoso e increíble ocurría: mientras en algunas partes del planeta se vivía en la abundancia y el despilfarro de bienes y recursos, en la mayor parte de la Tierra, centenares de millones de personas sufrían la más terrible pobreza, y peor aún, los niños y niñas - nuestros más preciados seres- morían por miles diariamente, víctimas del hambre o de enfermedades curables. Era una situación inaudita, abominable.

Pero lo peor sucedió cuando nuestros antepasados inventaron el Neoliberalismo, fase culminante del capitalismo. Bueno, en descargo de nuestra especie, digamos que fue creado e impuesto por una casta engreída y prepotente que gobernaba lo que para entonces se conoció como “la nación más poderosa del mundo”, porque hasta esas ridiculeces tuvieron y sufrieron nuestros antepasados, y la élite de esa nación, creyéndose superior y con derecho a todo, impuso el modelo neoliberal a todo la población planetaria. Para ello utilizaron el chantaje, la extorsión, las amenazas, las guerras y cuánta atrocidad se les ocurrió a aquellos abominables seres.

Como antes dije guerras, me explicaré: Nuestros antepasados civilizados concebían la existencia como una competencia permanente, es decir como un conflicto antagónico donde unos ganan y otros pierden, por consiguiente la vida era dividida entre vencedores y perdedores. Para ellos, el gran valor de la sociedad era la competencia, su sino era competir y ganar. Una idea ridícula y que fue terrible en aquellos tenebrosos días civilizados.

La guerra era la máxima expresión de la competencia. La más cruel y violenta. Se destruían pueblos, se invadían países: morían millones de personas como consecuencia de la más atroz estupidez humana. Movidos por la codicia, la ambición de poder y el deseo de conquistar a otros y someterlos a la esclavitud, explotación y saqueo de sus bienes, las élites gobernantes de los Estados más poderosos, organizaban monstruosos ejércitos y los lanzaban como perros rabiosos contra aquellos que deseaban conquistar y someter. Y todo para asegurarse la hegemonía política, económica, militar y cultural.

Para librar esas guerras inventaron armas cada vez más sofisticadas y destructivas; y se invertían cuantiosos recursos para ello. En fin, era un completo derroche de ingenio y creatividad humanas dignos de mejor causa. Esa fue, además de torpe, una de las máximas expresiones de la maldad e ignorancia de nuestros antepasados civilizados.

Algo que ha resultado incomprensible para nuestro pensamiento progenésico fue la actitud y posición asumidas por quienes rechazaban y condenaban aquel estado de cosas, y más aún, luchaban por un mundo de justicia e igualdad. De manera absurda aquellos luchadores se plantearon –ingenuamente- mejorar la civilización o construir una nueva civilización. No lograban comprender que el origen de los grandes males que sufrían estaba precisamente en la civilización misma, en su visión anacrónica e irracional del mundo y en sus conceptos y valores inhumanos, y que por tanto lo que tenían que proponerse era trascender el mundo civilizado y construir un mundo distinto, nuevo, que partiera de una nueva visión del mundo y desarrollara nuevos conceptos y valores.

Como todos sabemos, en la vida las cosas nacen, crecen y mueren o se transforman. Así ocurrió con el mundo civilizado. No podía sobrevivir a tanta irracionalidad humana, a tanto salvajismo y barbarie. Y Así, en medio de profundas crisis de todo género, que casi provocaron el exterminio de toda forma de vida en nuestro planeta, desapareció el mundo civilizado. Para fortuna nuestra, algunos miembros de la especie humana tuvieron la suficiente previsión para iniciar la construcción de lo que ahora es nuestro Mundo Progenésico, y así salvaron tanto a la Tierra como a la humanidad.

Atrás quedaron, en el pasado remoto y para siempre, aquellas ideas estrafalarias de la superioridad de unos seres sobre otros y la torpe creencia de que vivimos para competir, hoy sabemos que la esencia de la vida es compartir, y para las generaciones presentes, palabras como guerra, armas, ejército, enemigos, rivales, opositores, vencedores, vencidos, no tienen ningún sentido.
Ahora, en nuestro presente, todo aquello que fue el mundo civilizado no es sino un doloroso recuerdo, algo que nos hace sentir lástima y vergüenza por nuestros antepasados. Atrás quedaron sepultados en el olvido los doctores, los jueces, los policías, los políticos, los abogados, los sacerdotes, los militares. Igual quedaron sepultadas en el pasado aquellas horribles ciudades donde nuestros antepasados apenas podían sobrevivir atiborrados, amenazantes y amenazados, atemorizados, vigilados, controlados.

Ahora la progenie humana liberada transita alegre, solidaria y feliz su nuevo rumbo.

Antes, existió una vez un terrible mundo civilizado, un capitalismo bárbaro y salvaje, y la humanidad estuvo a punto de ser exterminada…