EL BANQUETE

sábado, 18 de octubre de 2008

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(Cómo ejecutar un golpe de Estado y promover un magnicidio y
no morir y ni siquiera ir preso en el intento)



Banquete del odio el que diariamente degustan los dueños de los medios de manipulación en Venezuela. En lujosos restaurantes de Caracas paladean exquisitos manjares y entre bocado y copas, tejen la madeja de su conspiración. Luego de darle vueltas al asunto, han llegado a sus conclusiones: Primera, es imposible salir del teniente coronel Hugo Chávez por la vía electoral. Segunda, no hay más remedio que matarlo. Tercera, a nuestros medios corresponde ir a la vanguardia, tenemos que convertir la idea del magnicidio en plato del día, que la gente asuma el tema del asesinato de Chávez como algo necesario, que va a ocurrir indefectiblemente más temprano que tarde. Cuarta, manos a la obra, echémosle pichón a la cosa, contamos con el apoyo de la Compañía, además el jefe quiere que se haga antes de su salida de la oficina oval.

Y la canalla inicia su banquete comunicacional aderezado con mentiras, desinformación, manipulaciones, insidias, intrigas. Es un aquelarre diario de violación a la Constitución, a las leyes, a los derechos humanos. Luego ellos salen con su cara muy limpia a denunciar por el mundo que en Venezuela no hay libertad de expresión.

Banquete de la desidia y la estupidez. Este es el que degustan los funcionarios de los poderes del Estado venezolano. Pasivos, inermes, permisivos, tolerantes y cómplices hasta el desprecio. Desde los altos cargos del gobierno bolivariano, del Tribunal Supremo de (in)Justicia, del Ministerio Público, hasta diputados de la Asamblea Nacional, cual Penélope resignada, tejen la mortaja que acompañará el viaje del presidente hasta los confines de la eternidad. Consumen su menú y nada hacen para defender al pueblo venezolano de una campaña mediática que propugna el odio entre connacionales, que incita a la guerra civil, que llama a los militares a alzarse en contra del gobierno legítimo de la República, hace apología del delito, del crimen y magnicidio. Peor aún, financian con los dineros del pueblo a dichos medios con jugosos contratos publicitarios. Da vergüenza ajena ver a ministros y diputados haciendo aspavientos, llamando a los conspiradores a la reflexión. Y tomarán acciones: Se irán por el mundo a explicar lo que pasa en Venezuela. Para dentro de 60 días prometen aplicar medidas.

Mientras la canalla se envalentona y atiza la candela para incendiar el país, cual monigotes, los funcionarios del Estado, permanecen impávidos. Y si por casualidad a alguien se le ocurre, asqueado por tanta impudicia e impunidad, lanzar una pedrada a alguna instalación mediática o pintar consignas en sus paredes, ¡Horror de horrores!, inmediatamente algún ministro, pongamos por caso el de Educación Inferior o Educación Superior (¡Qué cosas no!), o el de Pantaletas (oficialmente, de Interior y Justicia), sale a condenar a estas personas, y las califican de incivilizadas, violadoras del Estado de Derecho y hasta de contrarrevolucionarias. Ni hacen ni dejan hacer. Con razón decía un pana el otro día: “Es que este gobierno como que es pajúo, en cualquier otra país ya todos esos conspiradores estarían presos, y sus canales, emisoras y periódicos clausurados.”

Si continúa el banquete de la conspiración y la impudicia por un lado, y el la estupidez y la impunidad por el otro, no les extrañe que un día de estos el pueblo se canse y decida tomar la justicia por sus propias manos. El pueblo sabe muy bien, especialmente las mujeres venezolanas, que son las que más apoyan y se han echado al hombro esta revolución, repito, saben muy bien que si la derecha mata al presidente y derroca al gobierno bolivariano, lo que nos vendría sería candanga con burundanga, porque empezaría una matazón que duraría quién sabe hasta cuándo, y toda nuestra esperanza de seguir transitando en paz hacia una sociedad que nos garantice la suprema felicidad social se postergaría, y eso no se lo podemos permitir.

Por el bien de la patria venezolana, el pueblo exige a los funcionarios del Estado que hagan lo que haya que hacer, de acuerdo con las leyes, para meter en cintura y detrás de las rejas a los conspiradores de los medios. Para hacerlo no necesitan el permiso de los organismos internacionales, éstos siempre saldrán a hablar paja, a criticar o condenar, ese es el papel de mr. Insulzo, de Vivianco y su novio, de la CIDH, de la SIP, del imperio y sus gobiernos pitiyanquis. Por encima de los derechos de un puñado de mafiosos propietarios de medios están los derechos de millones de venezolanos y venezolanas que queremos vivir en paz.

Para los ingenuos del gobierno bolivariano y del Estado venezolano y para los lectores y lectoras estos versos de Mario Benedetti, del poema Me sirve y no me sirve:

La esperanza tan dulce
tan pulida tan triste
la promesa tan leve
no me sirve
no me sirve tan mansa
la esperanza

la rabia tan sumisa
tan débil tan humilde
el furor tan prudente
no me sirve

no me sirve tan sabia
tanta rabia

el grito tan exacto
si el tiempo lo permite
alarido tan pulcro
no me sirve

no me sirve tan bueno
tanto trueno

el coraje tan dócil
la bravura tan chirle
la intrepidez tan lenta
no me sirve

no me sirve tan fría
la osadía

sí me sirve la vida
que es mi vida hasta morirse
el corazón alerta
sí me sirve

me sirve cuanto avanza
la confianza

me sirve tu mirada
que es generosa y firme
y tu silencio franco
sí me sirve

me sirve la medida
de tu vida

me sirve tu futuro
que es un presente libre
y tu lucha de siempre
sí me sirve

me sirve tu batalla
sin medalla

me sirve la modestia
de tu orgullo posible
y tu mano segura
sí me sirve

me sirve tu sendero
compañero

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