Los dueños de la mayoría de las empresas mediáticas venezolanas chillan como las ratas, se arrastran como serpientes, alborotan como guacharacas, conspiran cual carujos y santanderistas y repiten cual loras parlantes los libretos que les dictan sus amos norteños.
No son culpables sólo por lo que dicen o callan, sino sobre todo, por la traición a la patria donde nacieron, por los crímenes de lesa humanidad que han cometido y cometen a diario contra el pueblo venezolano.
Hacen fiesta cuando bajan los precios del petróleo, cuando sube la inflación, cuando desaparecen los alimentos del comercio que ellos mismos estimulan, cuando se incrementa la inseguridad y el ciudadano es víctima de la delincuencia.
Desde hace diez años pronostican el hundimiento de la economía venezolana y el surgimiento de la dictadura de Chávez. Pero el crecimiento económico del país es cada vez más sostenido, incluyente y beneficioso para las grandes mayorías pobres de nuestro país, y la democracia bolivariana es más amplia e intensa.
Su algarabía se escucha en la Casa Blanca -desde donde les financian y aúpan ideológicamente- cuando alguna calamidad agobia a la Venezuela Bolivariana.
Pero, cuánto silencio y cuánta melancolía cuando algún suceso venturoso favorece a nuestro pueblo. Por ejemplo, esconden y reniegan de los triunfos de nuestros jóvenes atletas en el mundo entero. Desinforman y callan las grandes obras de infraestructura del gobierno bolivariano, como el puente Orinoquia y tercer puente sobre el Orinoco, metros de Valencia, Maracaibo, Los Teques, trolebús de Mérida, sistema nacional ferroviario, que viene avanzando a pasos agigantados, las obras de salud, la eliminación del analfabetismo, el incremento de la inversión en materia educativa que ha permitido que más de la mitad de nuestra población esté estudiando. El primer satélite venezolano no existe, ese hecho histórico pasó sin pena ni gloria por sus pantallas, páginas y ondas. Obras y más obras que apuntan al logro del objetivo primordial del Proyecto Nacional Simón Bolívar: Alcanzar la suprema felicidad social para todo el pueblo bolivariano.
Para ellos y para sus amos eso es desperdicio de dinero, porque hundidos en su egoísmo entienden que invertir en beneficio del pueblo es echar los recursos del Estado en saco roto. Y porque asumen que tales recursos son para su exclusivo beneficio.
Aman y admiran los gobiernos de Bush y de Uribe. Adoran al uribestia. Quiere, por sobre todas las cosas, un gobierno lacayo, narcoparamilitar, corrupto y represor como el de Uribe, para que les garantice el despojo de tierras a indígenas y campesinos, la privatización a precios miserables de las empresas públicas, el saqueo del erario y las riquezas nacionales en complicidad con las transnacionales usa-americanas, la persecución implacable a los que se oponen al plan neoliberal e imperialista.
Nada les importa si sólo estudian, se alimentan y tienen servicios de salud y recreativos los pudientes; los pobres que se las arreglen como puedan; al fin y al cabo ellos no importan.
A diario incitan al magnicidio, la desestabilización política el golpe de estado, la desobediencia civil y el desconocimiento al gobierno legítimo, y promueven la violencia sicológica y material contra el pueblo para configurar una subjetividad negativa y enfermiza, contraria al bienestar colectivo.
Pero tan o más grave, triste y doloroso es el silencio, omisión y desidia de los órganos del Estado venezolano que deben actuar para garantizar los derechos difusos y colectivos del pueblo venezolano. Es inadmisible e inaceptable tanta impunidad. Es intolerable que los tribunales, la fiscalía y el mismo gobierno nacional sigan inermes, cuasi pasivos, ante los ataques inclementes de esa canalla despreciable, antinacional, antipatriótica e inhumana.
Si de verdad queremos desarrollar una nueva ética social, estimular la práctica de los valores de convivencia, solidaridad, respeto, amor, tolerancia, en la vida cotidiana de los venezolanos, es necesario poner coto definitivo a las acciones de los mafiosos mediáticos.
Por eso el clamor popular: ¡Basta de tanta impunidad. Justicia ya!
El Silencio de los Culpables
sábado, 1 de noviembre de 2008
Publicado por Ramiro Meneses en 12:08 p. m.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario