Colombia acaba de desplazar a Egipto como centro de interés mundial para los estudios arqueológicos. Las pirámides colombianas creadas por David Murcia Guzmán (DMG) resultan ahora más espectaculares e interesantes para los investigadores que las muy famosas pirámides construidas por los faraones en el Antiguo Egipto.
También, en el campo de la arqueología, Uribe es ahora mucho más famoso que Howard Carter, el inglés que en 1922 junto con otro prominente cazafortunas británico descubrió casi intacta en el Valle de los Reyes (Egipto) la tumba del faraón Tutankamón (imagen viva de Amón). Descubrimiento que fue el gran suceso científico y noticioso de aquel año.
Ahora, 86 años después del gran descubrimiento de Howard Carter, pero esta vez en Bogotá, Álvaro Uribe (Imagen viva de la narcoparapolítica) acaba de realizar el primer gran hallazgo del siglo XXI: Ha descubierto uno de los escondrijos favoritos de los narcotraficantes neogranadinos: las pirámides colombianas de DMG. Lo raro, y eso llama mucho la atención, es que no haya encontrado en ellas a su propio hijo haciendo pingües negocios ilícitos. Muchos son los que dicen al ver a Jerónimo, Hijo de gato caza ratón.
Bueno, lo cierto es que Uribe se las trae, además de ser el reputado líder de la narcoparapolítica colombiana y el lamezuelas preferido de los gringos, también se ha hecho famoso por la forma ejemplarizante como castiga a algunos de sus cómplices. Recientemente reprendió a altos oficiales del ejército colombiano incursos en secuestros, torturas, desapariciones y asesinatos. Ordenó que se los llevaran a su despacho en el Palacio del Narquiño, les hizo extender sus manos, y encendido de cólera, les dio unos palmetazos y les dijo, Eso no se hace, eso no se hace, y los “expulsó” del ejército.
Seguramente Álvaro Uribe Vélez será alcanzado por alguna maldición, y no precisamente por la de Tutankamón, sino por alguna de las tantas que le han echado en caseríos, pueblos, villas y ciudades colombianas, donde alguna madre, una hermana, una esposa, una novia o un hijo, llora la desaparición, secuestro, tortura o asesinato de un hijo, de un hermano, de un esposo, de un novio o de un padre.
En la Colombia de las pirámides DMG resulta muy fácil estafar a la gente, pues se considera un delito menos peligroso que el ejercicio de la comunicación independiente y la lucha social: si eres sindicalista, comunicador social o defensor de los derechos humanos, o te asesinan los socios paramilitares de Uribe, o la fiscalía se encarga de abrirte un expediente con falsas acusaciones y condenarte a la cárcel. Recientemente El Estado mafioso colombiano ha detenido al comunicador y luchador social Juan Manuel Arango, director de Clarín (www.clarin.decolombia.info/). Lo acusan de rebelión, su delito: Denunciar los crímenes cometidos por el gobierno de Uribestia y sus esbirros, solidarizarse con las luchas de los indígenas, campesinos y pueblo colombiano. ¿Y reporteros sin fronteras?, Bien, gracias. ¿Y human rigths watch?, Bien, gracias. ¿Y la comisión interamericana de derechos humanos?, Bien, gracias. Andan muy pendientes de que el gobierno venezolano critique la manipulación mediática para enseguida arremeter contra Chávez. Por ellos que se jodan los comunicadores y luchadores sociales colombianos.
Desde aquí el llamado a la solidaridad con el compatriota latinoamericano Juan Manuel Arango. Exijamos su inmediata libertad.
Howard Carter y Álvaro Uribe (Imagen Viva de la Narcoparapolítica)
sábado, 22 de noviembre de 2008
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La Bobamanía, o cómo creer en pajarito preñao
sábado, 15 de noviembre de 2008
El día de ayer recibí formal invitación para asistir a la toma de posesión del señor Obama; vino firmada por el mismísimo diablo, es decir por Mr. Bush, a petición, según confiesa Mr. Danger, del recién escogido nuevo jefe del imperio usa-americano. Esto lo informo a todos los interesados, no para que me feliciten ni para que Norma se llene de envidia. Lo hago para aclarar conceptos.
No me alegra, ni me complace ni me envanece tal invitación. Nada más ajeno a mis deseos que participar en un espectáculo grotesco, donde campearán la hipocresía, la mentira y el cinismo. Nada más odioso que tener que estrechar la mano, tomarme la foto y brindar con un personaje de la calaña del actual presidente de USA, un degenerado que ya debería estar juzgado y condenado por los crímenes de guerra y de lesa humanidad que ha cometido en distintas partes del mundo. Allá con su conciencia aquéllos que se “hacen los locos” y aceptan compartir sonrisas y abrazos con ese monstruo, para mí todos ellos son sospechosos de canallas.
Obama no me merece confianza. No creo en él. Ni siquiera le doy el beneficio de la duda. Él tiene una misión: lavar la cara sucia del imperio, recomponerlo para que pueda seguir imponiendo sus mezquinos intereses al resto de las naciones y pueblos. Él me invita a su toma de posesión porque quiere aparentar que es distinto de Bush, que es amplio y tolerante, pero en el fondo representa lo mismo. Además, lo hace para halagarme, para hacerme creer que soy importante para su gobierno, para endulzarme y ganarme como aliado para la nueva política imperialista.
Yo no me voy a dejar seducir por la obamanía, que más bien es una bobamanía promovida mediáticamente desde los grandes centros de poder; no me como el cuento de que por ser negro, Obama tiene que ser distinto: es el mismo musiú pero con diferente cachimbo. Para ser malvado y asesino como Bush no se requiere ser blanco, sólo se necesita ser parte del sistema imperialista usa-americano, compartir sus principios y valores, defender sus intereses. Condoleezza Rice y Colin Powell, son buenos ejemplos de ello. ¿Y Obama, acaso no comparte los valores y principios y defiende los intereses del imperio usa-americano? Él ha dicho hasta la saciedad que sí.
Obama es más de lo mismo, sólo que diferente en cuanto a las apariencias. A estas alturas de la vida, no podemos estar creyendo en pajarito preñao ni estar soñando, como algunos ilusos lo andan haciendo, con el día que las vacas vuelen (Bueno, imagínense miles de rebaños de vacas volando y cagando, y toneladas de mierda cayéndonos encima).
Así pues, consciente como estoy de la farsa, no me presto para ese juego perverso de engañar a la gente, de estimular falsas ilusiones. Yo respondo categóricamente: No acepto la invitación y no asistiré a ese festín de bufones, donde abundarán brujas decadentes y crápulas chupasangres.
Desde nuestra tierra de promesas, desde nuestra perfumada geografía del sur, desde este espacio de revolución y de esperanzas, desde este rincón de la dignidad latinoamericana, al que ellos despectivamente llaman “nuestro patio trasero” o “pobre rincón tercermundista”, les digo henchido de orgullo bolivariano: ¡Señores imperialistas, váyanse al carajo y métanse su invitación por donde les brota la cosa esa que ustedes son!
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Good bye, Mr. Bushrro
sábado, 8 de noviembre de 2008
Bueno, George, se está llegando la hora de tu partida. Siempre pensé que sería un final espectacular, pero está visto que tú no naciste para la grandeza a pesar de tus conversaciones con Dios, que me imagino ahora son más continuas, porque que en estos ocho años de gobierno, él nunca te ha abandonado, siempre ha estado contigo, guiándote, orientándote.
Sabes, George, siempre que pienso en ti, recuerdo a Juan Peña; es el personaje de un cuento venezolano, quizás el más espectacular de la narrativa corta de mi país, se titula El Diente Roto y fue escrito por Pedro Emilio Coll. Según el relato, Juan era un chamo tremendísimo, una especie de malandrito que se la pasaba haciendo maldades a tútirimundachi; pero un día recibió un peñazo en la boca que le partió un diente, y desde entonces, el carajo no hacía otra cosa que acariciarse el diente roto con la punta de la lengua. Sólo eso hacía, a todas horas; parecía que estaba hechizado, como conversando con Dios, al igual que tú.
Lo cierto es que ante el insólito cambio (imagínate, pasar de zagaletón a estúpido), su mamá lo hizo examinar con un médico muy sabio. Y éste, encontrándolo en perfecto estado de salud, emitió el siguiente diagnóstico: El niño padecía la extraña enfermedad del mal de pensar, era un ser prodigioso. ¡Coño. Verga. Carajo! Dijeron su papá, su maestro, el cura, sus familiares y todos sus vecinos, ya que sabían que Juan era, si no tan bruto como tú, quizás lo más parecido a ti, George. Pero qué carajo -dijeron todos-, si lo dice el doctor, que es el hombre de la ciencia, tiene que ser verdad.
Y desde aquel día, Juan fue venerado por todo el pueblo. Le regalaban libros y más libros que él no leía, le preguntaban de todo, hasta cosas extrañas y él no respondía; por ninguna razón interrumpía sus profundas meditaciones y todos se maravillaban porque aquel ser extraordinario no tenía tiempo sino para pensar. Pero él sólo acariciaba el diente roto con la punta de su lengua. Y fue incorporado a la Academia de Ciencias como miembro de número, fue elegido al Congreso Nacional e iba a ser nombrado presidente de la República cuando lo sorprendió la benévola muerte. Y Juan tuvo un final feliz, fue decretado duelo nacional, y todos lloraron su partida y pedían que la iglesia lo santificara. Y al parecer, los obispos y cardenales estuvieron de acuerdo.
George, como puedes ver, en aquel pueblo sólo Juan no pensaba. ¿Y tú, acaso piensas, y acaso piensa el pueblo usa-americano? Probablemente sí, al fin y al cabo, el pensamiento en este barranco civilizado no es más que un reflejo condicionado. Tú y los usa-americanos y todos los civilizados responden en base a los estímulos provocados por un sistema de creencias fundado básicamente en mentiras, y que la familia, la escuela, la iglesia y los medios de comunicación se encargan de validar y sacralizar. Y por todas partes andan los Juan Peña y los George exaltando las maravillas y prodigios del progreso del mundo civilizado, y parangonan la libertad de pensamiento, pero, ay de aquél o aquélla que se atreva a pensar diferente, lo mandan directo a Guantánamo o a la tumba.
Bueno, George, en esta hora de tu partida, ¿quién te llorará, quién te recordará con amor o sentirá nostalgia por ti? Coño, hermano, parece que nadie. Creo que millones, o miles de millones en el mundo entero, estarán diciéndote: ¡Vete ya, maldito asesino! (¡Go now, you fucking murderer!), y Mc Cain te estará gritando, ¡Go to hell, fucking crazy! (¡Vete al infierno, maldito loco!). ¿Cómo te nombrarán, George? Tal vez como el Carnicero de Bagdad, o el Monstruo de New Haven, o el Maligno de Midland, o el Verdugo de Guantánamo, o El Asesino de Abu Graib, o El Coñoesumadre de Faluya, o quizás, para ser más generoso contigo por los favores recibidos, Obama te recordará como el Borrachito de la Casa Blanca, porque qué fácil se la pusiste al negro, George, demasiado fácil para que ganara la presidencia.
¿Por qué no te haces un favor, George? Llénate, aunque sea por una vez en tu miserable existencia, aunque sea por un instante de tu perra vida, llénate de coraje, toma una pistola y pégate un tiro, o tómate unas pastillas de esas de matar a tus pares, las ratas. Tal vez así, alguien en el futuro diga, Por lo menos tuvo un prurito de vergüenza.
Hazlo, George, es un consejo de amigo que te doy.
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El Silencio de los Culpables
sábado, 1 de noviembre de 2008
Los dueños de la mayoría de las empresas mediáticas venezolanas chillan como las ratas, se arrastran como serpientes, alborotan como guacharacas, conspiran cual carujos y santanderistas y repiten cual loras parlantes los libretos que les dictan sus amos norteños.
No son culpables sólo por lo que dicen o callan, sino sobre todo, por la traición a la patria donde nacieron, por los crímenes de lesa humanidad que han cometido y cometen a diario contra el pueblo venezolano.
Hacen fiesta cuando bajan los precios del petróleo, cuando sube la inflación, cuando desaparecen los alimentos del comercio que ellos mismos estimulan, cuando se incrementa la inseguridad y el ciudadano es víctima de la delincuencia.
Desde hace diez años pronostican el hundimiento de la economía venezolana y el surgimiento de la dictadura de Chávez. Pero el crecimiento económico del país es cada vez más sostenido, incluyente y beneficioso para las grandes mayorías pobres de nuestro país, y la democracia bolivariana es más amplia e intensa.
Su algarabía se escucha en la Casa Blanca -desde donde les financian y aúpan ideológicamente- cuando alguna calamidad agobia a la Venezuela Bolivariana.
Pero, cuánto silencio y cuánta melancolía cuando algún suceso venturoso favorece a nuestro pueblo. Por ejemplo, esconden y reniegan de los triunfos de nuestros jóvenes atletas en el mundo entero. Desinforman y callan las grandes obras de infraestructura del gobierno bolivariano, como el puente Orinoquia y tercer puente sobre el Orinoco, metros de Valencia, Maracaibo, Los Teques, trolebús de Mérida, sistema nacional ferroviario, que viene avanzando a pasos agigantados, las obras de salud, la eliminación del analfabetismo, el incremento de la inversión en materia educativa que ha permitido que más de la mitad de nuestra población esté estudiando. El primer satélite venezolano no existe, ese hecho histórico pasó sin pena ni gloria por sus pantallas, páginas y ondas. Obras y más obras que apuntan al logro del objetivo primordial del Proyecto Nacional Simón Bolívar: Alcanzar la suprema felicidad social para todo el pueblo bolivariano.
Para ellos y para sus amos eso es desperdicio de dinero, porque hundidos en su egoísmo entienden que invertir en beneficio del pueblo es echar los recursos del Estado en saco roto. Y porque asumen que tales recursos son para su exclusivo beneficio.
Aman y admiran los gobiernos de Bush y de Uribe. Adoran al uribestia. Quiere, por sobre todas las cosas, un gobierno lacayo, narcoparamilitar, corrupto y represor como el de Uribe, para que les garantice el despojo de tierras a indígenas y campesinos, la privatización a precios miserables de las empresas públicas, el saqueo del erario y las riquezas nacionales en complicidad con las transnacionales usa-americanas, la persecución implacable a los que se oponen al plan neoliberal e imperialista.
Nada les importa si sólo estudian, se alimentan y tienen servicios de salud y recreativos los pudientes; los pobres que se las arreglen como puedan; al fin y al cabo ellos no importan.
A diario incitan al magnicidio, la desestabilización política el golpe de estado, la desobediencia civil y el desconocimiento al gobierno legítimo, y promueven la violencia sicológica y material contra el pueblo para configurar una subjetividad negativa y enfermiza, contraria al bienestar colectivo.
Pero tan o más grave, triste y doloroso es el silencio, omisión y desidia de los órganos del Estado venezolano que deben actuar para garantizar los derechos difusos y colectivos del pueblo venezolano. Es inadmisible e inaceptable tanta impunidad. Es intolerable que los tribunales, la fiscalía y el mismo gobierno nacional sigan inermes, cuasi pasivos, ante los ataques inclementes de esa canalla despreciable, antinacional, antipatriótica e inhumana.
Si de verdad queremos desarrollar una nueva ética social, estimular la práctica de los valores de convivencia, solidaridad, respeto, amor, tolerancia, en la vida cotidiana de los venezolanos, es necesario poner coto definitivo a las acciones de los mafiosos mediáticos.
Por eso el clamor popular: ¡Basta de tanta impunidad. Justicia ya!
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