Los Póbredos de la Tierra

lunes, 9 de junio de 2008

Ramiro Meneses

Pobreza es carencia de bienes y servicios; es la situación que sufren los pobres: millones de personas que en el mundo no cuentan con los recursos materiales esenciales para atender sus necesidades básicas, como vivienda, agua potable, vacunas para prevenir enfermedades, alimentos, educación…

LA Pobredad es una enfermedad mental que padecen los póbredos: personas que pertenecen a ciertos grupos sociales con serios trastornos de conducta, muy peligrosos y violentos; sufren alteraciones tanto cognitivas como afectivas que les incita a tener percepciones distorsionadas de la realidad. Es una enfermedad psicótica adquirida por procesos de aprendizajes, por lo que es propia de personas muy estudiadas, cultas, refinadas, civilizadas y con posición económica privilegiada, que excitadas por alucinaciones y delirios, se creen seres superiores, con derecho a todo, incluidos el despreciar, humillar, vilipendiar, ofender, rechazar y odiar a los pobres.

Algunos póbredos creen, en medio de sus delirios y alucinaciones psicóticas, que son privilegiados en virtud de un principio “científico” de selección natural, según el cual la naturaleza los escogió para imponerse, someter y servirse del resto de las especies existentes. Otros, no menos enfermos, comulgan y difunden la ridícula creencia de que son el pueblo elegido de un dios todopoderoso que los creó a su imagen y semejanza, y por su voluntad divina merecen privilegios prohibidos al resto de los mortales.

Otros póbredos pontifican su ideario de superioridad basados en una falaz creencia: son ellos una raza superior constituida por súper hombres que han trascendido tanto al mono como al hombre ordinario, y en consecuencia están por encima de todas las demás razas, las cuales representan estadios inferiores en la evolución humana. Y finalmente, un cuarto grupo de póbredos que se consideran investidos de un tal destino manifiesto, según el cual están prácticamente “condenados” a dominar el mundo e imponer al resto de naciones y pueblos su sistema de creencias y valores.

Independientemente del origen de su maniático credo de superioridad, es común a todos los póbredos el ser muy civilizados y, por tanto, violentos y peligrosos.

Escena I: Caracas, año 2002. Los póbredos del este de la ciudad, gente culta, adinerada y muy civilizada, con ínfulas de superioridad y alentados por una maquinaria mediática, llama chusma, desarrapados, malolientes y sucios a los pobres de Venezuela, y todo porque estos apoyan el gobierno del “mono mayor”, como gustan llamar al presidente Hugo Chávez (Evo Morales es el “mono menor”).

Escena II: Gaza, año 2005. Noran era una niña palestina, hija de una familia muy pobre. Un día de enero jugaba en el patio de su escuela. Junto a otras niñas saltaba alegre, feliz, inocente. A 800 metros de allí, en un puesto de centinelas, Gilad, un póbredo soldado israelí, ajusta la mirilla telescópica de su fusil automático, el blanco se mueve en la distancia, él debe afinar bien la puntería, pues si da en la diana ganará los shequels que ha apostado con sus compañeros de guardia. Una mueca mordaz, que él pretende sea una sonrisa, se dibuja en su boca, su dedo juguetea ansioso con el gatillo. Noran da un saltito; será –desafortunadamente- el último de su corta vida que apenas cuenta diez añitos. Gilad captura la imagen en el aire, hala el mortífero gatillo, y allá, en el patio de la escuela de Rafah, ante el asombro de niñas y maestras, cae al suelo el cadáver de Noran: la bala ha impactado en su rostro y la vida de la pobre niña palestina ha volado desesperanzada por un túnel largo, oscuro. La puntería ha sido perfecta. Gilad está muy feliz y celebra, convencido de que su mano ha sido guiada por la voluntad prodigiosa de su dios todopoderoso, que lo ha elegido para desalojar a los “malditos” palestinos de la tierra prometida. El recibe su premio y las felicitaciones de sus póbredos compañeros.

Escena III: Santa Cruz y Beni, año 2008. Unos jóvenes universitarios, cultos, bien educados y muy civilizados, en medio de sus delirios y alucinaciones psicóticas, organizados en bandas de choques, han salido a defender lo que ellos consideran sus sacros derechos. Han contado con el apoyo de las autoridades rectorales, arzobispales y departamentales, y aupados por empresas mediáticas. Estos póbredos bolivianos están convencidos de su superioridad social, de la causa justa que representan en contra de una “ralea de indios flojos, ignorantes y pobres”. Los póbredos estudiantes patean al indio caído, le propinan cabillazos y maldicen, mientras el pobre, sangrante, cara herida, cabeza rota, clama por su vida. Los pobres indios que no logran marcar la distancia son desnudados en plena vía pública, escupidos, humillados y obligados a vocear consignas en contra de sí mismos.

Escena IV: Año 2008. En la culta y civilizada Europa no quieren a los “sudacas” latinoamericanos ni a los “inmundos” africanos; para ciertos gobiernos, como el del empresario mediático Silvio Berlusconi de Italia, son una peste indeseable y aprueban leyes anti-inmigratorias cada vez más intolerantes e inhumanas. En EE.UU el gobierno de George “Cerebro” Bush, viene haciendo lo propio desde hace años y ni los niños nacidos en USA se salvan, igualmente son deportados o encarcelados.

Los póbredos están en verdad muy enfermos y cada día son más violentos y peligrosos, y representan una terrible amenaza para los pobres y para el planeta. Los póbredos no saben que están viviendo lo que Midas, aquel egoísta y ambicioso rey que quería que todo lo que tocara se convirtiera en oro y fuera sólo suyo. Y lo logró: al abrazar a su hija, ésta se volvió una hermosa estatua dorada. Y los ricos manjares y las sabrosas bebidas que rozaban sus labios se convirtieron en áureo metal. Y nada podía comer ni beber. Así mismo, los póbredos, en su terco afán de acumular riquezas y en su vil empeño de que todo cuanto toquen y exista sea de ellos y de nadie más, están destruyendo el planeta. Y éste no será útil ni a los pobres ni a ellos.

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