Ramiro Meneses
“Hoy he desayunado con mi computadora, la que Usted me regaló, porque sólo Usted me pudo haber regalado un aparato tan fantástico como éste, que fue capaz de salvarme cuando más lo necesitaba, pues mis enemigos me atacaban muy duro y estuve a punto de sucumbir; si no hubiera sido por su oportuna intervención, Su Majestad, este humilde servidor suyo, estaría hecho un guiñapo.”
Aquí les presento varios fragmentos de una carta remitida por Uribeladino al emperador reBushno. No me pregunten cómo la conseguí. Un colega que no tiene muy buenos contactos se encargó. Han de saber que con los altos funcionarios del gobierno de Colombia no es tan difícil. Con un buen alijo de cocaína o unos cuantos miles de dólares se consigue cualquier cosa: hasta su madre te vende el presidente. Allí la corrupción tiene podrida el alma del presidente, de ministros, de jefes militares y policiales. Nadie peca de inocente. De una computadora te sacan cualquier documento, y si éste no existe, te lo inventan, en eso son unos verdaderos expertos. Son un completo asco, pero muy útiles. El gobierno norteamericano está encantado con ellos, y los europeos ni se diga.
“Le confieso que estoy sorprendido con esta computadora. Anoche cuando me acosté la coloqué debajo de la cama. Pero esta mañana cuando desperté, ahí estaba conmigo, metida debajo de mis sábanas, muy pegadita a mi cuerpo. Se sonrió con picardía y me dio los buenos días. Le encanta la sobrebarriga en salsa, sobre todo le fascina la papa chorriada. Mientras comíamos me habló del tipo de aquí de al lado. Usted sabe a quien me refiero, pero no lo nombro porque me chorreo todo y se me eriza toda mi piel de gallina culeca. Me contó cómo le ha estado haciendo la vida imposible a Su Señoría.”
Mi colega sobornó a un alto funcionario del gobierno colombiano para que me facilitara esta carta, eso fue cuando estuvimos en Colombia el pasado 15 de mayo. Allí asistí, como corresponsal del periódico para el cual trabajo, a la rueda de prensa que ofreciera el Secretario General de Interpol. Pan y circo. Tuve la fortuna de salir premiado en el sorteo que se hizo previamente para intervenir como periodista y formular una pregunta al alto funcionario del gobierno norteamericano (¿Dije norteamericano? Perdón, quise decir de Interpol). Pero sorpresivamente me sustituyeron por un tipo al que identificaron como un tal Alejandro Peña Esclusa, del que dijeron era corresponsal de un medio argentino. El sujeto se lanzó un discurso, muy politiquero por cierto, lo que develó que de periodista tenía lo que yo de santo, y resultó ser un militante de la ultraderecha venezolana que estuvo muy involucrado en el golpe de Estado de abril de 2002 y en los movimientos desestabilizadores que se han desarrollado en contra del gobierno del presidente Hugo Chávez Frías.
“Su Majestad, le informo que me reuní con Allan, le comuniqué sus órdenes, las cuales cumplió cabalmente, pues lo hizo en mi presencia. La computadora me comentó: Ese Allan es más falso que un billete de Venus, más hipócrita que el que más, pero es muy útil a nuestro amo, el emperador reBushno; es opinión que comparto. Le confirmo que no permitió a los mosqueteros decir ni pío, esos se quedaron con las ganas. Le sugiero, Su Majestad, si Usted no lo considera una impertinencia de mi parte, incluir a Allan entre uno de sus hombres de más confianza. Pienso que va a serle muy útil en sus planes para destruir a los mosqueteros.”
De Colombia me fui al Perú. Estuve cubriendo la V Cumbre de Latinoamérica, el Caribe y la Unión Europea. Pan y Circo. El presidente Evo Morales me dijo en una pequeña declaración: No nos dejaron hablar. Lo mismo me dijeron Rafael Correa y Hugo Chávez. Se vio muy claro en la clausura: sólo hablaron los europeos y el anfitrión, el presidente Allan García. Razón tienen quienes dicen que esas cumbres para nada sirven cuando las organizan los conmilitones de la derecha.
“Su Majestad, le confieso que me siento felicísimo con esta computadora, ahora ella es mi ángel de la guarda, mi dulce compañía, no me abandona ni de noche ni de día. Yo me felicito por merecer su bondadosa confianza y le agradezco infinitamente me perdone si me he alargado mucho y si he interrumpido sus sabias pláticas con Dios. Perdone a este humilde servidor suyo y sepa que puede contar conmigo para lo que sea, para mí sus deseos son órdenes, sus mandatos son imperativos categóricos que no osaría desatender por ninguna razón del mundo. Besa sus manos y se arrastra a sus pies su más seguro y fiel servidor. Uribeladino”
http://www.palabraprogenesica.es.tl/