Ramiro Meneses
a María León, ministra de Estado (¿Por qué no del Poder Popular?)
para Asuntos de la Mujer
Cuando pequeño me enseñaron a rezar el “Padre Nuestro que estás en el Cielo…”
También, que debía portarme bien, para que cuando muriera me fuera derechito al Cielo. Y me ponían de rodillas, siempre mirando pal techo, a rezar al Dios Padre para implorarle que perdonara mis pecados.
Pórtate bien, hijo mío, pórtate bien.
Y me hacían repetir algo parecido:
Honrarás y respetarás al Patrón, Gran Padre, dueño y señor de todas las cosas.
Defenderás la propiedad privada y no codiciarás los bienes del Patrón.
No robarás en las tierras de tu Patrón, ni en sus fábricas, ni en sus tiendas ni en sus casas, aunque te mueras de hambre.
No desearás las mujeres de tu Patrón, ni sus hijas, ni las mujeres de su familia; todas ellas son sagradas.
Nunca dirás del Patrón que es un explotador, ni cosas semejantes; de él no puedes levantar falsos testimonios ni decir mentiras.
No te afiliarás al sindicato.
No cometerás actos impuros distribuyendo panfletos o escribiendo consignas en las paredes.
Nunca, nunca, participarás en las huelgas.
No comulgarás con ideas o pensamientos impuros de anarquistas, socialistas o comunistas.
No matarás, sólo lo harás en las guerras justas que declare tu Patrón y bendigan los santos pastores de nuestra iglesia.
Pórtate bien: Trabaja responsablemente para que el Patrón esté contento con tu trabajo y no te despida.
Recuerda: Pórtate bien, pórtate bien, pórtate bien…si no irás derechito al Infierno y allí estarás quemándote en una paila por los siglos de los siglos, hasta la eternidad.
Igual me enseñaron que había un Padre, todopoderoso, que todo lo veía y todo lo sabía. El vivía en el Cielo con los santos y con los ángeles (y, según un inventador de oficio, con los agraciados que podían pagar la entrada). También que había un santo Padre de nuestra iglesia, y un padre de la democracia, y un padre de la poesía, y un padre de la medicina, y uno de la patria, y otro de la pintura, y un padre de la manguangua, y uno de las comiquitas, y otro de la filosofía y otro y otro…
Pero mi mamá, que era muy bonita y parecía como vivir en otro mundo, me cantaba:
“Arepita de manteca
Pa mamá que da la teta.
Arepita de cebada
Pa papá que no da nada”.
Ayer no más me enteré por obra y gracia de María que el Cielo no existe.
Supe que allá arriba está lleno de artefactos que nos espían. Que abrieron un boquete muy grande que cada día dificulta más la vida en nuestra Tierra.
También supe que el machismo no es sino una forma más del patriarcalismo, de ese que ha condenado a la madre durante siglos y milenios. Supe que a centenares de miles de madres y hermanas las acusaron de brujas y las quemaron vivas los padres de la iglesia. A otras las torturaron hasta el último respiro.
¿Qué más supe que no sabía, Padre?
Gracias a María supe que hay que mandar al carajo la propiedad privada para que pueda haber verdadera justicia, paz e igualdad entre mujeres y hombres.
También supe que la guerra no sirve a los pueblos sino que es útil al Patrón.
También, que los males que padecemos comenzaron unos cuantos milenios atrás, cuando el hombre inventó la civilización (“fase depredadora del desarrollo humano”), y que el capitalismo es la fase culminante y más terrible de este mundo civilizado.
También supe que el único camino posible para trascender el capitalismo y la civilización y construir un mundo nuevo es la Revolución.
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