Cuando yo era pequeño intentaron hacer que yo aprendiera que todos somos hermanos porque somos hijos de Dios.
De lo que me dijeron cuando pequeño, he podido inferir algunas cosas. Dios se equivocó, pero no una, sino varias veces. La primera fue cuando fabricó a la humanidad: hizo varios tipos de hombres: a) muy inteligentes, b) más o menos inteligentes, c) más o menos brutos, y d) muy brutos. La segunda, a la mayoría, el 89 % según el filósofo y matemático europeo de origen judío Aristoplatome, los hizo más o menos brutos y muy brutos, en tanto que al 3%, muy inteligentes, y al 8% más o menos inteligentes. La tercera torpeza del divino creador, fue irse a descansar y dejar al mando de toda la humanidad a los muy inteligentes.
Para mi mala fortuna, y según decía el cura de mi pueblo y mi maestra de primer grado, yo era del grupo de los muy brutos, y pese a los esfuerzos de mi familia, del cura, la maestra, vecinos y algunos otros transeúntes de la vida, no logré aprender la lección, razón por la cual sólo considero como mis hermanos a los brutos.
¿Por qué, se preguntarán ustedes amables lectores, mi intransigente postura discriminatoria en contra de los inteligentes?
La explico. Cuando Dios se fue a descansar nos dejó a los brutos a expensas de los inteligentes. Estos, llenos de vanidad y sintiéndose seres superiores y preferidos de Dios, iniciaron una campaña, tipo mediática, de desprestigio y humillación contra todos los brutos. Así, empezaron a llamarnos burros, piojos, monos, macacos, renacuajos, ratas, y toda clase de epítetos ofensivos. Pero aún más: creyéndose con derecho a ser propietarios de todo cuanto existe, se apropiaron de las mejores tierras, ríos, lagos, lagunas, bosques, praderas, sabanas; y peor aún, se hicieron dueños de nosotros, quienes de brutos pasamos a ser los Pobres de la Tierra; mientras ellos, los póbredos (Los Póbredos de la Tierra: www.palabraprogenesica.es.tl/), desataron tanto odio, desprecio, ruindad, persecución y dolor sobre nuestras vidas que terminamos creyendo que de verdad valíamos menos que las bestias.
Ellos inventaron distintos medios, formas y maneras de hacernos creer que ese era nuestro destino: ser inferiores y sin derecho a nada. Y el colmo, idearon fórmulas para que profesáramos eso como verdad absoluta y la enseñáramos a las generaciones venideras.
Pero yo, bruto entre los brutos, no logré aprender esas lecciones. Y me hice rebelde. Y me decían que yo era hijo del diablo y patatín y patatán. Porque sólo he reconocido y reconozco como mis hermanos a los pobres y aquéllos que sin serlo luchan por defender nuestra dignidad y derechos. Por eso me proclamo hermano de Evo Morales, de Rafael Correa, de Hugo Chávez Frías y de tantos otros que, como ellos, no desmayan en nuestra defensa y sufren ataques y calumnias por su valor y honestidad.
Por lo mismo, proclamo mi aversión y rechazo desde lo más profundo de mi alma a Uribe, a Bush, a Olmert, a Berlusconi y a tantos otros póbredos que, como ellos, validos de su poder económico y militar, desatan sus macabras danzas de muerte y destrucción sobre pueblos enteros. Desprecian las vidas de niños, mujeres y ancianos de las naciones pobres y los asesinan porque se consideran mejores, se creen seres superiores con absoluto derecho a disponer sobre la vida y la muerte de seres inocentes, incluso con derecho a destruir nuestro planeta.
A Evo, a Correa, a Chávez, un abrazo de hermano. A Uribe, a Bush, a Olmert, a Berlusconi, un…
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