Ramiro Meneses
Los menguados se fueron un día tras un sueño, querían hacer una revolución socialista. Pero no tenían claro el camino, y se perdieron. En lugar de hacer del socialismo un proceso, hicieron un proceso al socialismo.
Como Edipo, los menguados se fueron huyendo de una maldición, y terminaron atrapados en ella; peor aún, encariñados con ella. Y se hicieron contrarrevolucionarios. Tal cual Pompeyo. Tal cual Américo. Tal cual Teodoro. Tal cual tantos otros que, como ellos, acabaron defendiendo el viejo régimen corrupto, discriminador y excluyente.
Los menguados son un efecto de la ideología neocolonial burguesa imperante en la iv república. Ésta tuvo su fase de esplendor, su Plenilunio, entre 1973 y 1986, época del boom petrolero, de la Venezuela saudita y los planes faraónicos. Etapa histórica en la cual los precios del petróleo se remontaron desde lo ínfimo hasta un pico trepidante que facilitó el “ta’ barato, dame dos…”. Por ello, los gobiernos de CAP, de Luis Herrera Campins y de Jaime Lusinchi, no sólo compraron dos menguados, sino docenas, y los integraron al pacto de Punto Fijo.
Y entonces, los que habían soñado con un mundo distinto, de justicia, igualdad y libertad se acomodaron mansamente al statu quo. “¡Viva la democracia representativa! ¡Viva Rómulo Betancourt, padre de la democracia, padre del cogollo y de todo este rollo! ¡Qué viva Caldera, carajo!” Gritaron eufóricos cuando, invitados al festín, recibieron las palabras zalameras y el elogio de postín: “Bienvenido, comandante (guerrillero), siéntase como en su casa, tome y coma todo lo que quiera, ¿usted ya conoció a Don Juan de los Palotes, el presidente de Fedecámaras? Mire, Don Juan, este es el famoso ex comandante guerrillero Teódolu Santos Yorme, también conocido como el Capitán América, es para mí un honor y un placer presentárselo aquí en mi casa, ¡en mi propia casa!, a él que fue uno de mis más enconados enemigos, pero como bien suele decir nuestro querido ex comandante: “sólo los estúpidos no cambian de opinión”, pensamiento por demás profundo, muy propio de Ud. ex comandante, y buena conclusión a la que llegó luego de realizar ese viaje al fondo de sí mismo; ¿qué le parece, Don Juan?, aquí lo tenemos, comprometido con la sagrada causa por la defensa nuestra democracia representativa.”
Y bajo los influjos del buen vino, la champaña y el güisky, menguados y oligarcas brindaron por la reconciliación.
Los cuartomenguantes, por su parte, también andaban tras un sueño; trascendieron la iv república y llegaron a la quinta montados en el tren de la revolución bolivariana. Ésta tuvo su novilunio y fase creciente durante los años 1999, 2000 y 2001; luego entró a su fase de plenilunio, que comprendió 2002, 2003 y 2004. Durante esta fase, el pueblo venezolano vivió su apoteosis revolucionaria y derrotó las sucesivas arremetidas de la derecha criolla y del estado narcoterrorista de EEUU. Primero en abril de 2002, cuando aplastó el golpe de estado; luego en diciembre de ese mismo año y enero de 2003, cuando abatió el sabotaje petrolero, el paro patronal y la promoción de la guerra civil por parte de los medios privados de difusión (Por cierto, esta última cuenta no ha sido saldada aún); y, finalmente, aquel inolvidable 15 de agosto de 2004, cuando en una hermosa jornada de participación popular, nuestro pueblo, glorioso de verdad, y jamás mentiroso y manipulador, ejecutó el jaque mate a la conspiración apátrida e imperialista y sepultó el pretendido referendo revocatorio de mandato del presidente Chávez.
Pero en octubre de 2004, luego del gravísimo y por demás costoso error cometido por el liderazgo revolucionario al ratificar a los candidatos a gobernadores y alcaldes acordados en un madrugonazo por el siempre mal recordado Comando Ayacucho, y a partir de los resultados de las elecciones del 30 de ese mismo mes, comenzó, lamentablemente, una fase menguante para el proceso bolivariano, que ha comprendido 2005, 2006 y 2007, con un punto culminante en la derrota electoral del pasado 2 de diciembre. Y ha sido precisamente en esta fase que los cuartomenguantes (conocidos también como la derecha endógena) han tomado para sí notables cuotas de poder, y aupados por el abundante ingreso petrolero, se han posicionado peligrosamente en determinadas líneas de mando, han corrompido conciencias y puesto en peligro el avance de la revolución bolivariana.
Los cuartomenguantes son el resultado de la ideología pequeñoburguesa enquistada en el proceso. Se caracterizan por el yoísmo, el arribismo, la pantallería y el narcisismo político. Buscan el poder para servir sus aspiraciones personalistas, no para ser útiles a los niños del infortunio ni al pueblo que vive como ángel caído. Muchos disfrutan una extraña abundancia de recursos. Son zalameros y adulantes. “Como Ud. ordene, comandante en jefe. ¡Viva nuestro máximo líder!”. Son ineficaces en la gestión pública: Se ufanan de la rápida construcción de magníficos estadios de fútbol y de amplias avenidas y promueven grandes centros comerciales donde prolifera el consumismo irracional, pero son parcos en la construcción de consultorios, CDI y Clínicas Populares de Barrio Adentro, e ineficientes para resolver los problemas de agua, cloacas, aseo urbano, vialidad. Son buenos para el maquillaje y el relumbrón e ineptos en la promoción de la organización y participación popular, la que más bien limitan, impiden o secuestran.
Los cuartomenguantes y su ideología pequeñoburguesa reaccionaria son la manzana podrida dentro de la revolución. Si no se les saca a tiempo, la corroerán y destruirán. De allí la necesidad de una rebelión al interior del proceso bolivariano. Al frente de la misma debe colocarse el presidente Chávez. De ello depende que salgamos de la fase menguante en que estamos y entremos en una de novilunio y de crecimiento esplendoroso.
Cuando Ud. diga, compañero presidente. Patria, Socialismo o Muerte. Y a pesar de los cuartomenguantes, ¡Venceremos!
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