Yo estaba en la Casa Blanca. Era la media mañana y me encontraba desayunando con el presidente Bush. Él me había pedido que fuera a visitarle pues se encontraba muy perturbado por las locuras en que había incurrido durante las olimpíadas en Beijing, producto de la borrachera olímpica que cogió. Se sentía tan trastornado que me preguntó si me parecía conveniente que renunciara a su cargo. Por mi cerebro pasó como un relámpago la interrogante, ¿Cómo es posible que un tarado, borracho, estúpido, pueda ser el jefe del Estado más poderoso y peligroso de la Tierra? Repentinamente comenzó a repicar mi teléfono, pude ver en la pantalla que se trataba de la reina Isabel. Me separé un poco y hablé con ella. Me preguntó dónde estaba. Al comentarle que desayunaba con el presidente Bush, me dijo, ¿Y cómo está ese borracho estúpido? Seguimos hablando. Su tono fue angustioso, preocupado.
Cuando regresé a la mesa, Bush me preguntó, ¿Y qué quería la vieja perra?, le dije que me tocaba ir a visitarla de urgencia. Esa misma tarde partí para Londres. Realmente nunca ha sido de mi agrado esta ciudad llena de brumas, tan húmeda, tan sombría y fantasmal. En cierto modo prefiero París, aunque no puedo evitar recordar lo que escribiera Henry Miller en Trópico de Cáncer: “París es como una puta. Desde lejos parece cautivadora, no puedes esperar hasta tenerla en los brazos. Y cinco minutos después te sientes vacío, asqueado de ti mismo. Te sientes burlado.” Por extensión, toda Europa es así. Pero los pobres europeos se creen gran cosa y se sienten con derecho al menosprecio de los otros, sobre todo de África e Indoamérica, y la verdad es que cada vez más son una pobre colonia norteamericana.
Al siguiente día, a las cuatro de la tarde, en Buckingham, me reuní con Isabel Segunda, reina por la Gracia de Dios del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y de sus otros reinos, territorios y colonias, jefa de Estado de la Mancomunidad y defensora de la Fe. La razón de su angustia: un grupo de 22 diputados británicos, miembros del grupo antimonárquico Republic no quiere jurarle lealtad, y pretenden introducir una reforma para hacerlo no a ella y sus sucesores, sino al pueblo. Para ella, una auténtica calamidad, una afrenta insoportable.
Habrase visto tamaña infamia, me dice, y acercándose para secretear agrega: ¿Tú crees que Chávez tenga algo que ver con eso? Yo le pregunto, ¿Qué Chávez?, Tú sabes, el loco ese de Venezuela. Atónito la miro a los ojos y me pregunto, ¿Será posible que ella haya perdido la razón también, será posible que Chávez también la tenga loca?
Al día siguiente abandono Londres. Voy rumbo a París. Sarkozy, entre sollozos, me ha pedido que le ayude, necesita de mis consejos. El pobre diablo está desesperado, hace más de un mes que Carla Bruni lo botó de la habitación matrimonial. Él cree que ella anda enredada con el Dalai Lama; me dijo, Ese maldito monje budista tiene confundida a mi Carla, ¿qué crees que debo hacer? Se negó a recibir al monje y ordenó que ningún miembro de su gobierno lo hiciera. Pero Carla, desoyendo sus deseos, se fue con el Dalai Lama a Roqueredonde a inaugurar un templo budista.
Yo reflexiono: ¿Qué suerte le espera a la humanidad con gente como ésta al frente de las naciones más ricas y poderosas de la Tierra? Nuevamente recuerdo a Henry Miller tan vituperado por el stablisment estodunidense: “El mundo cada vez se parece más a un sueño de entomólogo. La tierra se está saliendo de su órbita, el eje se ha desplazado; la nieve desciende desde el norte en enormes ráfagas de azul acerado. Se nos viene encima una nueva era glacial, las suturas transversas se están cerrando y por toda la zona del maíz el mundo fetal se muere, y se convierte en mastoides inerte. Los deltas se secan centímetro a centímetro y los lechos de los ríos están lisos como cristales. Amanece un nuevo día, un día metalúrgico, en que la tierra va a resonar con chaparrones de mineral amarillo brillante. A medida que desciende el termómetro, la forma del mundo se va desdibujando; todavía hay ósmosis, y aquí y allá articulación, pero en la periferia las venas están todas varicosas, en la periferia las ondas de luz se arquean y el sol sangra como un recto roto.”
¡Libertad para los cinco cubanos secuestrados por el imperio!
La Reina Isabel, Angustias Monárquicas y Bushrracheras olímpicas
sábado, 23 de agosto de 2008
Publicado por Ramiro Meneses en 1:09 p. m.
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2 comentarios:
Saludos compañero, tienes una forma interesante de escribir, ¿es posible que agregue tu blogger a mis enlaces?
Hola, Nicolai, gracias por escribir. Por supuesto puedes agregar este blogger a tus enlaces.
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