URIBELADINO Y SU COMPUTADORA MARAVILLOSA

martes, 13 de mayo de 2008

Ramiro Meneses

El primer bombardeo comenzó unos minutos antes de la primera noche y culminaría –según relatan los pocos sobrevivientes- 1001 noches después.

Durante todo ese tiempo, los bombazos cayeron desde el cielo, inclementes, mortíferos. Nada quedaba vivo donde arrimaba el fuego. El olor de carne chamuscada invadía el ambiente. Desde aquella primera noche, Uribeladino, corría y corría, espantado, desesperado.

Los primeros bombazos le recordaron aquellas noches espantosas en Bagdad, durante los terribles días de la matanza de abril de 2003, perpetrada por las huestes asesinas del emperador reBushno. Sabía que sobrevivir no sería fácil, a menos que ocurriera un milagro. Pero, ¿de quién esperar tal suceso, si tal como estaba persuadido, la humanidad había quedado abandonada a su suerte desde hacía ya mucho tiempo?

No obstante, lo inesperado se hizo: Allí, en medio de la noche, entre los estampidos que cruzaban de muerte y dolor todo el espacio, Uribeladino alcanzó ver, en un hueco del tronco de un árbol caído, destrozado, agonizante, algo así como una caja que simulaba metálica, pero que en realidad era plástica, no muy grande, tal vez de unas 15 pulgadas. Extrañado, la tomó entre sus porqueras manos. En ese preciso instante, desde lo alto del cielo estrellado, se desplomaba un racimo de fuego. Pensó que era el final. Levantó sobre su cabeza la pequeña caja y esperó el golpe postrero.

En derredor suyo, miles de petardos; la tierra se abría en profundas heridas y más árboles caían asesinados. Luego, un silencio, largo, desesperante. Consternado, Uribeladino se palpó una y otra vez. Se pellizcó sus escuálidas mejillas, y pudo constatar la feliz verdad: estaba vivo. Pero, ¿cómo había sido posible –se preguntaba-, si él había sentido sobre su cabeza los impactos de las balas? Pero en verdad no habían impactado en su cabeza, sino sobre la caja. ¡Ah, bendita caja, maravillosa caja! Exclamaba Uribeladino en medio del paroxismo.

Después se percató que la caja era una especie de maleta. Levantó la tapa superior, y he allí a Uribeladino frente a la computadora más versátil, funcional y milagrosa jamás tenida por mortal alguno. A partir de entonces no hubo temor a los bombardeos, él se cubría con la computadora maravillosa y a salvo estaba de cualquier peligro. No sólo ella era indestructible, sino todo aquél que quedara bajo su manto protector. Aquella computadora era más poderosa que los dioses: no la penetraban las balas, ni el fuego la quemaba, ni el agua la enturbiaba, ni la kriptonita la afectaba. Y lo más extraordinario: ¡Era más rápida que Supermán!

Uribeladino pulsó “enter”, y la computadora maravillosa puso ante sus ojos un montón de carpetas. Una se titulaba: “Las revelaciones”. Otra: “La inefable historia del emperador reBushno”. Otra: “El principio del Fin”. Otra: “El fin de las especies”, y mucha más. Él seleccionó la primera y pulsó “enter”.

Los ojos de ratón ebrio de Uribeladino recorrieron azorados el primer documento. Allí se explicaba cómo el emperador reBushno se comunicaba directamente con dios y recibía sus orientaciones para a los destruir infieles y salvar el barranco civilizado.

Otro revelaba la verdad verdadera sobre lo que ocurrió en el Edén con Adán y Eva. Según el relato, dios estaba distraído conversando con su hijo preferido, el emperador reBushno, cuando se apareció en el paraíso el mismísimo hugoChávezfrías (al leer este nombre, Uribeladino sintió que su cuerpo sietemesino era invadido por un extraño frío de cobardía). Si, hugoChávezfrías, el terrible y más enconado enemigo de reBushno, llegó al Edén y dijo a la pareja primordial que la hora de rebelarse había llegado, que no podían seguir siendo esclavos de reBushno y que el paraíso (Léase: América Latina, Américanuestra, o América Bolivariana) no podía seguir siendo el patio trasero, ni colonia ni perfume de gringolandia.

Y Adán y Eva vieron llegada la hora de su libertad. Pero dios, que se había percatado de lo que para su entender era un mayúsculo despropósito, ordenó a reBushno que los expulsara del paraíso en menos de lo que canta un gallo.

Y así, presto, con garrote en mano y acompañado de centenares de batallones de márines, reBushno quiso cumplir la orden. Pero…

(No se pierda el próximo capítulo de esta interesante historia que estremece el corazón de las mujeres y hace hervir la sangre azul del rey de España, juanCarlos, el bribón.

¿Logró reBushno cumplir la atroz orden? ¿Qué hicieron Adán y Eva?

También conocerá otro documentos que revela cómo y porqué los siete enanitos y las madrastras de Blancanieves, de Cenicienta y de Hansel y Gretel destruyeron las torres gemelas de nueva york.

Y otro documento que indica exactamente el lugar y hora donde se encuentra las armas de destrucción masiva del difunto Saddan Hussein, y que por brutos no pudieron hallar reBushno, ni Blair ni Aznar.


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