SUBE A NACER CONMIGO, HERMANO AMERICANO

viernes, 25 de abril de 2008

Ramiro Meneses

“Sube a nacer conmigo, hermano./ Dame la mano desde la profunda/ zona de tu dolor diseminado./ No volverás del fondo de las rocas./ No volverás del tiempo subterráneo./ No volverá tu voz endurecida./ No volverán tus ojos taladrados./ Mírame desde el fondo de la tierra,/ labrador, tejedor, pastor callado:/ domador de guanacos tutelares:/ aguador de las lágrimas andinas:/ joyero de los dedos machacados:/ agricultor temblando en la semilla:/ alfarero en tu greda derramado:/ traed a la copa de esta nueva vida/ vuestros viejos dolores enterrados”. Pablo Neruda

Desde las alturas del Macchu Picchu tremola el Canto General con amorosos versos de Pablo Neruda, poeta de nuestra América bolivariana, para convocarnos al encuentro de una nueva vida, de una nueva hermandad; al encuentro de un nuevo amor, profundo, generoso, solidario. Un amor que nos permita trascender las miserias morales, espirituales y materiales; que nos permita superar la violencia, el odio y la cultura de la muerte que nos hemos estado viviendo en este mísero barranco civilizado.

Las ideas de libertad, justicia, paz y confraternidad agítanse por doquier. Un común sentimiento de rechazo a la soberbia y prepotencia de los señores del vil egoísmo recorre las anchas alamedas de nuestro suelo americano. Bolivia columbra los senderos de la redención y por ellos se encaminan millones de hombres y mujeres postergados en sus reivindicaciones históricas. Ecuador también. Los herederos de Manuelita Sáenz sin vacilación siguen raudos la clara voz del nuevo líder.

El grito de la rebelión se extiende por los horizontes en terco afán de cobrar viejas y nuevas deudas a truhanes, embusteros y demagogos.

Un huracán de desafíos y de cambios nació en el Caribe, retumba en Venezuela y propaga sus vientos hacia Brasil; en Argentina se trasmuta en buenos aires, y no llora por la patria herida de San Martín, sino que, convertido en dulce canto a los oídos de los pueblos, ondea airoso hacia el Uruguay de Benedetti. Más al sur, en el Chile profundo de Gabriela Mistral y Vicente Huidobro y Pablo Neruda, el hermano Lautaro, prestos los oídos, otea en el horizonte el grito de la rebeldía: ¡Es Bolívar que anda de nuevo cabalgando y su voz clamorosa convoca a todos a la nueva independencia! ¡Y Paraguay no se resiste al llamado, y presto concurre, como ayer, a la gran marcha victoriosa de la libertad nuestramericana!

Nadie se resiste, ni duda. Como aluvión humano, los indios, los negros, los mestizos: el nuevo y singular género humano que puebla el suelo americano, acude a protagonizar la nueva historia: Bolívar los convoca y todos atienden su llamado. Es nueva hora para construir la libertad, la que el águila norteña aprisiona entre sus garras.

Cabalgando unos viejos burros y yendo de espaldas al mañana, avanzan dos jinetes: Son Álvaro Uribe y Allan García, cada uno con una bolsa llena de dólares: es la paga que han recibido estos judas sudamericanos de manos de sus amos gringos. Cual carujos han cumplido su papel: han montado la celada a sus pueblos y consumado la traición.

El carapálida exterminador de búfalos, asesino de pieles rojas, destructor del ambiente, saqueador contumaz, invasor de pueblos, aniquilador de sueños y esperanzas, ruge fiero y amenazante. No tolera, no permite, no acepta que otros no quieran, ni piensen, ni crean lo que él. Esta desobediencia es inadmisible. Y levanta, nuevamente, su garrote. Pero esta vez, pocos huyen, sólo algunos se espantan; contados son los que reculan: son los uribe, los toledo, los gutiérrez, los García, los rufianes: tristes marionetas sietemesinas, melancólicos títeres con cerebros de aserrín.

Mi hermano negro, mi hermana india y yo, mestizo, avanzamos codo a codo, unidas nuestras manos y nuestros cantos y nuestros gritos y nuestros sueños y nuestras esperanzas. Juntos avanzamos al encuentro de la nueva aurora, al renacimiento, porque volveremos a nacer y construiremos la nueva vida. Nuestros cuerpos y nuestras mentes marchan apegados como imanes.

Debes saber, hermana, hermano, que para salir de la trampa y el engaño, de la mentira y la traición, de la violencia y el odio, de la guerra y el horror de la miseria, debes saberlo, amor americano, tú eres mi única esperanza, y yo la tuya. No vendrán los guerreros carapálidas a salvarnos, sino a redoblar las cadenas del yugo y la esclavitud.

Por ello, amor americano, sube desde los arrabales de la miseria, desde los andurriales del dolor, desde las simas de la tristeza, sube a nacer conmigo y juntos besaremos cada palmo de esta tierra bendita, juntos apresaremos el relámpago entre nuestras manos, y arrullaremos la lluvia y domaremos el trueno y ordeñaremos el tiempo, y de sus ubres sorberemos el dulce elíxir que recorrerá nuestras venas, y volcaremos por nuestras bocas palabras de miel, y festejaremos con nuestros cánticos la nueva aurora, como promesa cierta de alegría, paz y amor.

Sube a nacer conmigo, hermano. La América bolivariana nos llama y no debemos hacerla esperar.

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